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Donald Trump y Mauricio Macri “conversaron sobre la persistente crisis en Venezuela y acordaron seguir trabajando juntos para ayudar a la gente de Venezuela a restaurar la democracia en su país”, indica la nota oficial de Washington.

Los presidentes también hablaron sobre la relación entre Estados Unidos y Argentina y coincidieron en su “compromiso para aumentar el comercio y la inversión” bilaterales.

La llamada telefónica llega en un momento de tensiones en Venezuela, donde la oposición ha rechazado los resultados de las elecciones regionales del domingo pasado, en los que el chavismo obtuvo una abrumadora victoria, por considerar que el proceso fue “fraudulento”.

El Departamento de Estado estadounidense, a través de su portavoz Heather Nauert, opinó el lunes que esas elecciones no fueron “libres” ni “justas”, y advirtió que seguirá presionando al Gobierno de Nicolás Maduro. 

Oposición desconoce

La Constituyente, desconocida por la oposición y por gobiernos de América y Europa, juramentó este miércoles a los 18 gobernadores oficialistas, mientras que los cinco opositores estuvieron ausentes. “¡Victoria popular!”, gritó un plenario chavista, en el Palacio Legislativo.

“Quiero felicitar a los gobernadores opositores (...) y están formalmente convocados a presentarse ante la Asamblea Nacional Constituyente”, dijo desde la tribuna su presidenta Delcy Rodríguez, sin lanzarles de momento advertencias.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que desconoció el resultado de los comicios al denunciar anomalías, aseguró en un comunicado que no caería “ante el chantaje de la fraudulenta Constituyente”, y que sus gobernadores sólo se someterán al mandato de la Constitución. Un nuevo frente de conflicto parece abrirse en una crisis política sin miras de solución.

Maduro convirtió los comicios regionales en una validación de su Constituyente -cuya elección en julio fue acusada de fraudulenta por la MUD y la empresa de tecnología electoral- y dispuso que los gobernadores electos se subordinen al órgano, so pena de destitución.

No está claro qué pasará si los opositores son destituidos, pero la Constituyente, con poderes absolutos, puede decidirlo.

Según la ley, los gobernadores deben jurar ante los consejos legislativos locales, la mayoría oficialistas.

“¿Dónde está el fraude?” 

Los gobernadores opositores podrían correr la misma suerte que el Parlamento. La MUD arrasó en las legislativas de 2015, pero sus decisiones, con mayoría calificada, fueron anuladas por la justicia, acusada de oficialista.

“Entramos a un nuevo capítulo del conflicto. La aspiración de Maduro, por esta vía de carambola, es que le legitimen la Constituyente”, declaró a la AFP el politólogo Luis Salamanca.

Las elecciones fueron cuestionadas por la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y una docena de países de América Latina que apoyaron el reclamo de la MUD de una auditoría independiente, pues acusan al Consejo Nacional Electoral (CNE) de servir al Gobierno.

“¿Dónde está el fraude?, ¿cuáles son las pruebas? Estamos seguros de la limpieza y la pureza de los resultados”, dijo la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, invitada a la sesión de la Constituyente, al defender un “proceso impecable”.

Maduro afirma que Venezuela tiene el sistema electoral “más perfecto del mundo”. El martes dijo que con el mismo CNE se harán los comicios municipales -aún sin fecha- y las presidenciales a fines de 2018.

“Elecciones con o sin oposición”, retó Maduro, animado por 54% de votos a nivel nacional que obtuvo el oficialismo pese a que el mandatario tiene un 80% de impopularidad por la crisis económica.

Diego Moya-Ocampos, del IHS Markit (Londres), dijo a la AFP que todo “aleja las posibilidades de un diálogo y augura” sanciones de la Unión Europea y más medidas de Estados Unidos.

La oposición descartó cualquier acercamiento mientras no se realice una auditoría de la elección.

Autocrítica opositora

La oposición, que figuraba favorita en los sondeos, denunció una serie de irregularidades en el proceso, como el uso de papeletas confusas y la reubicación a última hora de centros electorales de zonas donde su voto es mayoritario. 

Pero también la MUD empezó a reconocer responsabilidad, ahondando sus divisiones. Uno de los líderes de la MUD, Henry Ramos, a cuyo partido Acción Democrática pertenecen cuatro de los cinco gobernadores electos, admitió que les “afectó terriblemente la abstención”.

Según analistas, muchos de sus seguidores pasaron factura a la MUD por aceptar unos comicios con un árbitro electoral cuestionado, y otros no votaron decepcionados por no lograr sacar a Maduro del poder tras cuatro meses de protestas que dejaron unos 125 muertos entre abril y julio.