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Aunque no es una figura que desate pasiones entre los neoyorquinos, el alcalde anti-Trump, Bill de Blasio, tiene todas las chances de ser reelecto este martes por cuatro años.

Con 8,5 millones de habitantes, un presupuesto anual de 85.000 millones de dólares y 295.000 funcionarios bajo su égida, comúnmente se dice que el alcalde de la mayor ciudad de Estados Unidos tiene "el segundo puesto más difícil del país", después del de presidente.

En este feudo anti-Trump que es Nueva York, algunos esperaban una candidatura de Hillary Clinton que pese a su derrota nacional frente al magnate inmobiliario cosechó un 80% de los votos de Nueva York en la elección presidencial. O del fiscal federal Preet Bharara, despedido por Trump en marzo.

Pero ningún oponente de peso quiso bajar al ruedo para enfrentar a De Blasio, de 56 años, primer alcalde demócrata de Nueva York desde 1993, favorito para dirigir por cuatro años más la capital financiera estadounidense, lejos por delante de sus dos principales rivales: la legisladora estatal Nicole Malliotakis, de 36 años, republicana, y el expolicía Bo Dietl, con un talento cómico notable pero un programa casi inexistente.

El último sondeo de Quinnipiac University, publicado a inicios de octubre, otorgó un 61% de los votos a De Blasio, contra 17% para Malliotakis y 8% para Dietl. Una brecha difícil de colmar, ya que el atentado de Manhattan el martes pasado colocó al alcalde frente a las cámaras del mundo entero.

Sin embargo, todos los observadores coinciden en que este ítalo-estadounidense de 1,97 metros de altura, exconcejal de Brooklyn -donde aún va al gimnasio cada día- no tiene el carisma de su predecesor, el multimillonario Michael Bloomberg, que ostenta el récord de 12 años al frente de la ciudad.

Lejos de Wall Street

"De Blasio no es malo, generalmente hace lo que debe hacerse", dice Kenneth P. Jackson, especialista en historia de Nueva York en la Universidad de Columbia. Pero "Bloomberg colocó la barra muy alto" y De Blasio "no pudo convencer a la élite financiera de que tomaba en serio sus intereses".

"Me entristece votar contra un demócrata, pero estoy viendo cosas que no veía hace cinco años. Los sin hogar están en todos lados", dijo Jennifer Goodwin, que fue a votar por Malliotakis en Manhattan con su marido y su hijo de tres años.

El alcalde está realmente a la izquierda, más cerca de un detractor de Wall Street como Bernie Sanders que de Clinton, aunque dirigió la campaña de Hillary al Senado en el 2000.

Un recinto de votaciones en Nueva York. AFP/ENDEn una ciudad donde hasta los perros visten abrigos de cachemira, se autoflagela por el alza del número de residentes sin hogar, y defiende "un impuesto para los millonarios", sobre todo para modernizar un metro cada vez más arcaico.

Pero sus detractores reconocen que el alcalde mantuvo su principal promesa de 2013: abrir las escuelas públicas de la ciudad a los niños a partir de los tres años, una pequeña revolución en Estados Unidos, donde esto no es posible hasta los cinco.

Y contra todo pronóstico consiguió bajar la criminalidad como sus predecesores Bloomberg y Rudy Giuliani, con solo 242 asesinatos este año, un mínimo récord.

Pero Malliotakis y sus oponentes denuncian una gestión dispendiosa que es peligrosa para el equilibrio financiero de la ciudad, con la contratación de miles de empleados municipales adicionales.

"Cualquiera" contra Trump

Las críticas han hecho que De Blasio no sea el preferido de los electores blancos, que son un 33% de los neoyorquinos (contra un 28% de hispanos, un 23% de negros y un 12,5% de asiáticos).

"Voté por De Blasio porque se opone a Trump", dijo Geraldine, una jubilada de 69 años que no quiso dar su apellido. "No me gusta lo que ha hecho con las ciclovías, son peligrosas para los peatones, y es corrupto, ¡se está saliendo con la suya en muchas cosas! Pero cualquiera que se enfrente a Trump tendrá mi voto", resumió.

Los dos principales adversarios del alcalde votaron por Trump, mientras el alcalde se tornó en el defensor de todos los neoyorquinos que se sienten amenazados por la Casa Blanca, con los inmigrantes a la cabeza.

Además de la alcaldía de Nueva York, otros dos puestos de gobernadores estarán en juego el martes en Estados Unidos.

En Nueva Jersey, se anticipa que el demócrata Phil Murphy sucederá al republicano Chris Christie, un aliado de Trump con una impopularidad récord.

En Virginia, el republicano Ed Gillespie y el vicegobernador demócrata Ralph Northam están codo a codo.