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El expresidente Sebastián Piñera, que en 2010 se convirtió en el primer político de la derecha chilena en acceder por la vía democrática al poder en cincuenta años, busca ahora la reelección para revertir las reformas de la era Bachelet y situar al país en lo que él considera la senda del crecimiento y el progreso.

Piñera, que lidera la intención de voto en todas las encuestas, fue proclamado en junio pasado oficialmente candidato a un nuevo período en La Moneda por los partidos de la coalición Chile Vamos, a pesar de que cuando abandonó el poder, en marzo de 2014, confesó que no estaba en sus planes postularse nuevamente a la Presidencia.

A diferencia de lo que sucedió en 2010, cuando derrotó al candidato de la Concertación, Eduardo Frei, por un ajustado 51,6 %, Piñera aspira ahora a alzarse con el triunfo en la primera vuelta y evitar el balotaje, fijado para el 17 de diciembre.

En los cuatro años transcurridos desde que concluyó su mandato, la disgregación del sector conservador fue situándole como el líder indiscutible del centro derecha.

Experiencia

Rodeado de un equipo de leales con experiencia de gobierno tras su paso por el Ejecutivo, Piñera fue planificando su vuelta a la política activa a medida que las encuestas le fueron situando en cabeza.

La Fundación Futuro, encargada del estudio de políticas públicas, se configuró durante este tiempo como una plataforma idónea para planificar el retorno a la escena política y fiscalizar la gestión de la presidenta Michelle Bachelet, a quien le reprocha ser la responsable de los problemas que afectan al país.

Y por eso ya ha anunciado que, de llegar al poder, revertirá o modificará las emblemáticas reformas promulgadas por la mandataria socialista en materia tributaria y educativa, y también cambiará la actual ley del aborto, que despenaliza la interrupción del embarazo en determinados supuestos.

Con un programa de gobierno que prevé un gasto de 14.000 millones de dólares, y que ha sido criticado por los recortes en programas sociales, el exgobernante promete recuperar el liderazgo y la capacidad de crecimiento, impulsar la creación de puestos de trabajo y reducir la pobreza y las desigualdades.

Y al parecer, los mercados le creen, porque las expectativas de un cambio político han desatado el optimismo de los inversionistas.

La clase empresarial, que perdió la confianza en Bachelet a causa de la reforma laboral y la subida de los impuestos corporativos, espera ahora que un hipotético triunfo del candidato de la derecha impulse la actividad económica en 2018.

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