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Los sondeos muestran una clara victoria del exmandatario Sebastián Piñera (2010-2014) en la presidencial, quien llevaría a Chile nuevamente a girar a la derecha. Si los pronósticos se cumplen, el nuevo presidente de Chile, que asumirá el 11 de marzo, contará con un Congreso en el que la derecha aumentará su participación en desmedro de la centroizquierda, pero no alcanzaría la mayoría absoluta en ninguna de las dos cámaras.

“Todo indica que Piñera no va a conseguir mayoría ni en el Senado ni en la Cámara” de Diputados, dice a la AFP el académico Mauricio Morales, de la Universidad de Talca.

“La derecha tiene una posibilidad cierta de generar una mayor representación”, beneficiada por la fragmentación de la centroizquierda -que en estas elecciones compite con seis candidatos presidenciales- y un menor impacto por los casos de corrupción descubiertos, afirma por su parte el analista Guillermo Holzmann.  

De acuerdo con Morales, “Chile Vamos”, la agrupación de Piñera, conseguiría 74 de los 155 escaños en la Cámara de Diputados, mientras que en el Senado alcanzaría “en el mejor escenario” 20 de 43 representantes.

La derecha quedaría a un escaso margen de la mayoría absoluta, lo que hará clave la búsqueda de apoyos en partidos de centro, como la Democracia Cristiana, que por primera desde 1990 no apoya al candidato de la coalición de centroizquierda y lleva candidata presidencial propia, Carolina Goic, con escaso apoyo en los sondeos.

Nuevo sistema proporcional 

El nuevo Congreso será elegido bajo un nuevo sistema proporcional que reemplaza al “binominal”, legado del dictador Augusto Pinochet (1973-1990), pilar fundamental del edificio político levantado por él para prolongar el control del país después de dejar el poder.

El nuevo sistema aumentó en casi un 30% el número de legisladores, reordenó los distritos electorales e introdujo una ley de cuotas para estimular la participación femenina.

El sistema estimula la competencia de más candidatos y aproxima de una manera mucho más eficiente el peso del voto por cada elector, al incrementar el número de representantes en los distritos más grandes, que antes elegían a igual número que los más pequeños.

La nueva estructura aumentó el número de diputados de 120 a 155 y de senadores, de 38 a 50, cifras similares a las existentes antes del golpe militar de 1973. 

En el caso del Senado, se mantuvo el sistema parcial de renovación cada ocho años. En estas elecciones corresponde renovar 23 bancas en las regiones impares, por lo que la nueva cámara alta tendrá 43 miembros. El total de 50 se alcanzará en las elecciones de 2021.

Conocido como el método de D’Hont, el sistema asigna escaños de acuerdo al número de cargos de cada lista y luego, dentro de cada lista, la asignación de candidatos elegidos en proporción a los votos obtenidos.

El nuevo sistema electoral establece además una cuota de género.

Mediante esta normativa, ningún partido puede presentar más de un 60% de candidatos del mismo sexo.

De acuerdo con datos del Servicio Electoral, para el Senado las mujeres constituyen el 40,9% de los candidatos, por arriba del promedio histórico del 11%, mientras que en el caso de los diputados son 44%, por sobre la media del 15%.

La normativa establece adicionalmente que el Estado pague unos 23,000 dólares al partido político por cada mujer elegida, mientras a estas se les reembolsará un monto levemente superior por voto emitido que a los candidatos varones.