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  • AFP

La capital yemení, Saná, tenía este domingo un aspecto de "ciudad fantasma" después de que nuevos enfrentamientos entre rebeldes obligaran a cerrar las escuelas y las tiendas y llevaran a los habitantes a permanecer en sus casas por temor a los combates.

La alianza rebelde que controla Saná desde hace más de tres años saltó por los aires a raíz de los combates entre los partidarios del expresidente Ali Abdalá Saleh y los chiitas hutíes, que dejaron al menos 60 muertos y heridos en ambos bandos desde el jueves.

Las fuerzas leales a Saleh bloquearon este domingo varias calles del centro de la ciudad y se desplegaron en la zona, según varios testigos. Intentaron una vez más tomar el control del barrio de Al Jarraf, donde los hutíes afianzaron sus posiciones con decenas de vehículos equipados con ametralladoras.

Habitantes de distintos barrios se atrincheraron en sus casas para evitar ser víctimas de los francotiradores y los bombardeos, sobre todo alrededor de los ministerios y los edificios públicos.

El ministerio de Educación suspendió las clases este domingo, el primer día de la semana escolar en Yemen, para evitar que los alumnos y los profesores sufran las consecuencias de los combates.

En las calles quedaron esparcidos los cadáveres de personas fallecidas en los últimos días de enfrentamientos, según habitantes de la capital.

Iyad al Othmani, de 33 años, contó a la AFP que llevaba tres días encerrado en su casa por culpa de la violencia.

"Saná se convierte en una ciudad fantasma (...) y los habitantes están encerrados en sus casas", lamentó un empleado local de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Al amanecer, la coalición árabe dirigida por Arabia Saudita, que lanzó en 2015 una intervención militar contra los hutíes, bombardeó varias de sus posiciones en las colinas del sur de Saná. La AFP no pudo averiguar si el objetivo de esos ataques era ayudar a las fuerzas de Saleh.

'Peor crisis humanitaria'

La víspera, Saleh, de 75 años, le tendió la mano a Riad. El expresidente propuso "pasar página" si la coalición dirigida por Arabia Saudita levanta el bloqueo que impone a su país.

El aeropuerto de Saná y los puertos marítimos en manos de los rebeldes sufren un estricto bloqueo desde que los sauditas interceptaron el 4 de noviembre un misil disparado por los hutíes hacia el aeropuerto de Riad.

La coalición autorizó, no obstante, la entrada de algunos vuelos y cargamentos humanitarios a Yemen que, según la ONU, sufre "la peor crisis humanitaria del mundo".

Los hutíes, miembros de la minoría zaidita, una rama del chiismo, llevan mucho tiempo oponiéndose al poder central.

Durante la Primavera Árabe, una ola de protestas populares obligó a Saleh a ceder el poder, tras más de 30 años al frente del país, a Abd Rabo Mansur Hadi en febrero de 2012.

Dos años después, este tuvo que huir de Saná y refugiarse en Adén, en el sur del país, ante el avance de los rebeldes hutíes, respaldados por Irán.

Al romper su alianza con los hutíes, sellada en 2014, Saleh suscitó amenazas de represalias por parte de los rebeldes chiitas, que denunciaron "un golpe de fuerza" del expresidente contra ellos.

El conflicto en Yemen, que causó más de 8,750 muertos desde la intervención de la coalición, despertó la vieja rivalidad entre la Arabia Saudita sunita y el Irán chiita en Oriente Próximo.

Este domingo, los Emiratos Árabes Unidos, el otro peso pesado de la coalición árabe, desmintió que los hutíes hubieran lanzado un misil hacia su territorio, después de que los rebeldes chiitas anunciaran el disparo de un proyectil hacia la central de Barakah, en construcción cerca de Abu Dabi.

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