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  • AFP

Tras varios meses turbulentos en los que algunos pronosticaron que la primera ministra británica no seguiría en el cargo hasta Navidad, Theresa May volvió al Reino Unido después de la cumbre europea con noticias positivas sobre el Brexit, que le ofrecen una tregua de corta duración.

Los dirigentes europeos aprobaron el viernes iniciar las negociaciones sobre su futura relación con el Reino Unido tras el Brexit, un éxito muy necesario para May, cuyo liderazgo quedó socavado desde el desastre electoral de los comicios anticipados de junio.

Se abre así una nueva fase de discusiones, tras el acuerdo forjado la semana pasada contra todo pronóstico con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sobre los términos financieros del divorcio.

Su talento negociador le valió a May aplausos en todos los sectores del partido conservador, que habitualmente está muy dividido, y pese a los temores expresados por sus socios norirlandeses.

Sin embargo, un sonado motín esta semana, cuando varios diputados conservadores se sumaron a la oposición para imponer que el parlamento tenga la última palabra sobre el acuerdo de divorcio final con la UE, mostró las resistencias que afronta May en casa, en un momento en que las negociaciones se adentran en su fase más difícil.

 Garante de equilibrio 

Tras la cumbre de Bruselas, May calificó su resultado de "paso importante" en el camino hacia un Brexit "suave y ordenado" y en "la construcción de una futura relación estrecha y especial".

Pero Juncker advirtió que el nuevo período será "mucho más difícil". Una opinión compartida por la canciller alemana, Angela Merkel, para quien, aunque se han hecho progresos, las futuras negociaciones serán "aún más duras".

El acuerdo estuvo a punto de romperse por la oposición del Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte, preocupado por los asuntos relativos a la frontera, lo que desató las dudas sobre la fragilidad de May y multiplicó los artículos en la prensa sobre conspiraciones para derrocarla.

Desde que perdió las elecciones anticipadas en junio, May ha tenido problemas para asentar su autoridad, con el constante acecho del ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson.

Y, sin embargo, logró llegar a un acuerdo, pese a las diferencias en el seno de su gobierno, que sufrió dos renuncias el mes pasado por dos escándalos.

En este contexto, May sigue contando con el apoyo popular y, según un sondeo publicado por The Times esta semana, la aprobación a su partido se sitúa en el 42%, un punto por delante de su principal oponente, el Partido Laborista.

Tim Bale, politólogo de la Universidad Queen Mary de Londres, considera que tanto para Bruselas como para algunas facciones del Partido Conservador, May aporta un equilibrio.

"Los líderes europeos reconocen que es la opción menos mala, si hubiera una lucha por el liderazgo en el Reino Unido no sabrían qué esperar", dijo.

 La hora de las decisiones 

Pero Bale advierte de que la posición May puede que no se mantenga indefinidamente, a medida que se acerca la fecha límite para la salida, el 29 de marzo de 2019. "Es en esta fase cuando se van a tomar las decisiones y a alguna gente no le van a gustar", dijo.

Theresa May deberá sin duda aceptar un nuevo compromiso con su partido si no quiere sufrir otro revés en el parlamento, cuando se vote el texto que fije la fecha del Brexit, muy criticada por algunos parlamentarios conservadores.

Éstos consideran que fijar previamente la fecha de marzo 2019 para el Brexit puede debilitar la posición de Londres en las negociaciones de Bruselas.

Por ello, tres diputados del Partido conservador interpusieron una enmienda al proyecto de ley que mantiene la fecha del 9 de marzo de 2019, pero permitiendo que pueda ser modificada si las negociaciones con los 27 prosiguen más allá de ese plazo.

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