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  • AFP

Los partidos independentistas aprovechan el último fin de semana de campaña electoral en Cataluña para movilizar a sus votantes ante el temor de una victoria del partido Ciudadanos, líder de la oposición y el rival más hostil del nacionalismo.

Esta formación, creada en 2006 para combatir el nacionalismo catalán, contó este sábado con el apoyo del escritor peruano Mario Vargas Llosa y se disputa la victoria con la independentista Izquierda Republicana de Cataluña (ERC).

La lucha es ajustada, según los últimos sondeos, que también apuntan a una pérdida de la mayoría parlamentaria de los partidos separatistas tras el fallido intento de crear una república independiente.

"El 21 de diciembre va de ERC o de Ciudadanos, nos lo jugamos todo", advirtió en el mitin central de ERC en Barcelona la número dos del partido, Marta Rovira.

Junto a ella había una silla vacía correspondiente al líder de la formación, Oriol Junqueras, que se encuentra en prisión preventiva por haber impulsado el proceso de secesión como vicepresidente del gobierno catalán.

Después de que el Parlamento catalán declarara la secesión, el 27 de octubre, el Gobierno español de Mariano Rajoy tomó el control de la región y destituyó al Ejecutivo catalán presidido por Carles Puigdemont.

Sus integrantes están siendo investigados por la justicia por delitos de rebelión, sedición y malversación. Dos de ellos están en prisión, Puigdemont y otros cuatro marcharon a Bélgica antes de ser interrogados y el resto se encuentran en libertad condicional.

Esta situación marca el discurso independentista, que llena sus actos de lazos amarillos pidiendo la liberación de los políticos presos y reclama el voto de sus militantes para recuperar el poder en Cataluña.

"Pararemos esta infamia, no dejaremos que pasen la apisonadora por nuestro país", escribió Junqueras en una carta leída por dos compañeros suyos en el mitin.

En cambio, son poco claros en explicar cómo piensan proseguir el proceso de secesión en caso de volver a gobernar, una vez fracasada la declaración unilateral de independencia, que no tuvo reconocimiento alguno.

"Lo primero es recuperar las instituciones y después ir construyendo la república. Poco a poco y buscando más apoyos", opinaba una militante de ERC, Rosa Creus, de 71 años, luciendo una bufanda y un lazo amarillos.

"Todo depende de la fuerza que tengamos después de las elecciones. Si ganamos de mucho, será más fácil", añadió.

El voto independentista se reparte principalmente entre ERC y la lista de Puigdemont, Juntos por Cataluña, que pierde fuelle en los últimos días tras un fuerte inicio de campaña, lanzando duros mensajes contra Madrid.

 Vargas Llosa, contra el nacionalismo 

Por la otra parte es Ciudadanos quien capitaliza el rechazo de numerosos catalanes al proyecto de secesión.

En un acto este sábado en un teatro de Barcelona, se rodearon de dos figuras internacionales para arremeter contra el nacionalismo, el ex primer ministro francés Manuel Valls y el premio Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa.

"Se defienden mejor los intereses de los catalanes con un proyecto de unión dentro de España y de Europa que con un proyecto de separación", dijo su líder, Inés Arrimadas, acusando a los independentistas de defender la ruptura, el enfrentamiento y la desunión.

"El gran enemigo del verdadero progreso en nuestro tiempo en Europa es el nacionalismo", atacó el escritor peruano.

En la polarización política de los últimos años en Cataluña, su partido recabó numerosos apoyos, especialmente en detrimento del Partido Popular de Rajoy, que puede quedar último en estas elecciones, y el Partido Socialista de Cataluña, demasiado tibio para algunos electores.

"Los votaré porque es el único partido que hará de contrapeso al independentismo", dijo a la AFP Pura Sánchez, de 67 años.

Pero aun ganando los comicios tendrán difícil gobernar, dado que la suma de las formaciones partidarias de la unidad no alcanzaría.

Necesitarían del apoyo de la fórmula regional de Podemos, Cataluña en Común (izquierda radical), que ya anunciaron que no darían su apoyo a Ciudadanos pero tampoco a los independentistas.

Las negociaciones para formar gobierno se prevén complicadas y determinarán el futuro del conflicto político en esta región, que ya ha costado la fuga de casi 3.000 empresas y una importante fractura social.