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  • EFE

A pesar del rotundo triunfo obtenido en la segunda vuelta de la elección presidencial chilena, Sebastián Piñera tendrá que pactar las reformas de su futuro Gobierno con la oposición, toda vez que la coalición de derechas que le apoya carece de mayoría absoluta en el futuro Parlamento.

El 11 de marzo del próximo año, Piñera será investido presidente de la República por segunda vez, tras un primer mandato en el periodo 2010-2014, al imponerse el pasado domingo por más de nueve puntos al senador independiente de izquierdas Alejandro Guillier.

Su arrolladora victoria, que sorprendió tanto a los analistas como a los propios candidatos, se debió a que en la segunda vuelta votaron 300.000 electores más que en la primera, celebrada el pasado 19 de noviembre, en la que el abanderado de Chile Vamos apenas sumó 36,6 %.

Sin embargo, Piñera no cuenta con mayoría ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado, una circunstancia que, según un análisis de la agencia Estudio de Comunicación, "dificultará que lleve adelante su programa de Gobierno y le obligará a buscar alianzas con partidos más moderados y de centro como, por ejemplo, la Democracia Cristiana".

En efecto, a diferencia de lo que sucedió cuando Michelle Bachelet accedió por segunda vez a la presidencia, el político conservador tendrá un Parlamento dominado por la oposición.

A partir del 11 de marzo, Piñera deberá lidiar con la composición del Congreso emanada de las elecciones parlamentarias celebradas el 19 de noviembre, que dejaron atrás el sistema binominal para dar paso a uno proporcional.

Esto permitió la irrupción de una nueva coalición de izquierda, el Frente Amplio, alianza que busca diferenciarse de los gobiernos de centroizquierda de la Concertación y la Nueva Mayoría, para transformarse en una alternativa de la izquierda chilena mucho más radical en sus planteamientos de base.

En la Cámara Alta, la coalición del presidente electo contará con 20 senadores y no alcanzará la mayoría, ya que los demás partidos suman un total de 23 escaños.

Pero "la oposición, fragmentada y aún en shock tras el resultado, tendrá el desafío de actuar en bloque, situación que a día de hoy se ve complicada, considerando que la Democracia Cristiana tiene seis senadores y su posición dentro de la Nueva Mayoría está muy debilitada", considera este análisis.

En tanto, la Cámara de Diputados ha quedado formada por 73 diputados de la alianza conservadora Chile Vamos, frente a un bloque opositor de centro izquierda integrado por 82 diputados en el que la Democracia Cristiana deberá decidir si sigue apoyando a fuerzas situadas a su izquierda u opta por un camino propio hacia el centro político.

Piñera ha anunciado que, en su segundo mandato, buscará revertir o modificar algunos aspectos de las reformas promulgadas por la Administración Bachelet en materia tributaria y educativa y en la ley del aborto.

Pero en la campaña de la segunda vuelta adoptó un discurso más de centro, enfocado a la clase media, y admitió que mantendrá la gratuidad universitaria y la extenderá a los centros de formación técnica.

Con un programa que prevé un gasto de 14.000 millones de dólares y que ha sido criticado por adelantar recortes en algunos programas sociales que no han sido especificados, el presidente electo asegura que recuperará el liderazgo y la capacidad de crecimiento del país, impulsará la creación de empleos de calidad y reducirá la pobreza y la desigualdad.

Las expectativas de un cambio político han desatado el optimismo de los inversores. Este lunes, los mercados reaccionaron a su triunfo con una fuerte subida de la Bolsa y la abrupta caída del dólar en relación con el peso chileno.

Repitiendo la idea de la campaña de 2009 de "sacar a Chile del estancamiento", Sebastián Piñera ha prometido bajar el impuesto a las empresas, manteniendo la carga tributaria, con el objetivo de reactivar la economía y la creación de empleos, aspectos ambos que se han visto afectados durante el actual Gobierno.

En su primer mandato, Piñera conformó un Gobierno de tecnócratas y dio poco margen a la participación de los partidos que le apoyaron.

Además, hizo gala de una cierta rigidez que le impidió llegar a acuerdos con la oposición para impulsar, por ejemplo, la descentralización política y la reforma del sistema electoral.

Ocho años después, sus palabras ponen de manifiesto un cambio de mentalidad política.

"¡Viva la diferencia, viva el pluralismo de ideas!", proclamó la noche electoral, consciente que de que además de la victoria, requiere del diálogo para alcanzar grandes acuerdos.

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