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  • EFE

Durante el año 2017 fueron asesinados 23 misioneros católicos, once de ellos en América Latina, y otros sufrieron "la plaga" de los secuestros en países como México, informó hoy la Santa Sede mediante un informe de la agencia de prensa vaticana Fides.

De acuerdo a ese documento, en el último año fueron asesinados 13 sacerdotes, un religioso, una religiosa y ocho misioneros laicos y, el mayor grupo de las víctimas, once, se registraron en América.

En México murieron el cura Felipe Carrillo Altamirano, presumiblemente después de un robo; Luis López Villa, cuando unos criminales irrumpieron en su parroquia, y Miguel Machorro, apuñalado al término de una misa, y Joaquín Hernández Sifuentes.

En Bolivia murió la voluntaria polaca Helena Agnieszka Kmiec; en Venezuela el religioso franciscano Diego Bedoya, asesinado durante un secuestro; en Brasil fue hallado muerto Pedro Gomes Bezerra y en Argentina pereció el laico Ricardo Luna.

Por último en Haití falleció Joseph Simoly durante un intento de robo y en Colombia, Diomer Eliver Chavarría Pérez fue asesinado en su parroquia y también Aberlardo Antonio Muñoz Sánchez, robado.

Según la agencia de "pontificias obras misioneras" Fides, entre el año 2000 y el 2016 fueron asesinados en el mundo 424 misioneros, entre ellos cinco obispos.

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Muchas de las personas asesinadas perecieron durante intentos de secuestro o robo "en contextos de pobreza económica y cultural, de degradación moral y ambiental, donde la violencia y el desprecio por la vida misma son casi las normas de comportamiento", se afirma en el informe.

Fides advirtió que "los asesinados son solo la punta del iceberg, ya que es larga la lista de trabajadores pastorales, o de simples católicos, agredidos, golpeados, robados, amenazados", así como las propias instituciones católicas "atacadas" y objetivo del vandalismo.

La agencia pontifica denuncia que los agresores "raramente son identificados" y llevados ante la Justicia y consideró ejemplar la condena a 14 años y 3 meses de prisión del único acusado del crimen del jesuita español Vicente Cañas en Brasil en 1987.

En la lista de misioneros asesinados, subraya la agencia, no figura el nombre del sacerdote venezolano José Luis Arismendi, que murió a los 35 años mientras esperaba recibir unos antibióticos necesarios para tratar una meningitis.

"A pesar de no haber sido asesinado a manos de nadie en concreto, este sacerdote puede representar a los muchos venezolanos fallecidos por falta de medicinas, de comida y de asistencia como consecuencia de la grave crisis política y social atravesada por el país", según el informe.

La agencia también alerta de lo que considera "la plaga de los secuestros", un fenómeno "frecuente" en México a pesar de que no se denuncie "por temor de poner en peligro la vida de los secuestrados y para poder acelerar su liberación".