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El líder norcoreano, Kim Jong-un, instó a su país, a aumentar la producción de cabezas nucleares y misiles, en un mensaje de Año Nuevo con el que mostró su voluntad de cumplir sus ambiciones militares.

Pyongyang intensificó en 2017 sus programas nuclear y balístico, a pesar de las múltiples sanciones de la ONU y de la retórica cada vez más amenazante de Washington.

Kim Jong-un, que aseguró tener siempre el botón nuclear en su oficina, presidió en septiembre el sexto ensayo atómico norcoreano, el más potente hasta la fecha.

El dirigente, que también supervisó en 2017 varios ensayos de misiles intercontinentales (ICBM), afirmó que su país era capaz de golpear el territorio continental de Estados Unidos y se había convertido en un Estado nuclear.

“Debemos producir masivamente cabezas nucleares y misiles balísticos y acelerar su despliegue”, declaró Kim en su discurso anual a la nación.

El presidente estadounidense, Donald Trump, respondió a las operaciones militares norcoreanas alternando las amenazas --se comprometió ante la ONU a “destruir totalmente” a Corea del Norte en caso de ataque-- con los insultos hacia Kim, al que calificó de “pequeño hombre cohete”.

Para algunos expertos, la actitud de Trump podría haber tenido un efecto contrario al deseado, animando al régimen norcoreano a seguir adelante con sus programas armamentísticos.

Corea del Norte “puede afrontar cualquier amenaza nuclear de Estados Unidos, dispone de una [fuerza de] disuasión fuerte y capaz de impedir que Estados Unidos juegue con fuego”, declaró Kim.

“El botón nuclear siempre está en mi mesa. No es chantaje, sino la realidad”, añadió, reiterando así que su país es un Estado nuclear.

Estas nuevas declaraciones del líder norcoreano se producen después de que un exalto responsable militar estadounidense avisara de que su país nunca había estado “más cerca” de una guerra nuclear contra Corea del Norte.

La presidencia de Trump “es increíblemente desestabilizante y claramente imprevisible”, declaró el exjefe del Estado Mayor Conjunto, Mike Mullen, a la cadena ABC.

“Actualmente se está más cerca de lo que nunca hemos estado de una guerra nuclear con Corea del Norte y en esa región”, dijo Cullen. “Y no veo las oportunidades para resolver esto de manera diplomática”, añadió.

Mullen fue el jefe de Estado Mayor de los presidentes George W. Bush y Barack Obama.

Corea del Norte asegura que sus ambiciones nucleares responden a su necesidad de defenderse ante Estados Unidos. El régimen de Pyongyang considera las operaciones militares estadounidenses en la región, como las maniobras que lleva a cabo con las fuerzas surcoreanas, como ensayos para una futura invasión de su territorio.

Mientras las tensiones alcanzaban niveles inéditos, la comunidad internacional multiplicó las medidas de retorsión contra Corea del Norte, con tres nuevas rondas de sanciones en un año.

La semana pasada, el Consejo de Seguridad de la ONU volvió a endurecer su castigo contra Pyongyang con sanciones relativas al petróleo y los trabajadores norcoreanos en el extranjero.

Esta última resolución, calificada de “acto de guerra” por el régimen de Kim, fue adoptada con el apoyo de China, el principal aliado y socio económico de Corea del Norte.

Pero las múltiples medidas de represalia no parecen minar la determinación de Pyongyang a la hora de perseguir sus objetivos.

Muchos expertos opinan que Washington debe dialogar con Pyongyang. Pero Corea del Norte quiere que Estados Unidos la reconozca como un Estado nuclear.

Washington siempre afirmó que no aceptaría una Corea del Norte con arma nuclear y que Pyongyang debía tomar medidas concretas de desnuclearización, antes de cualquier negociación.
 

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