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  • AFP

Los centroamericanos se muestran tolerantes con la explotación sexual comercial pese a que prácticamente la totalidad de los ciudadanos son conscientes de que se trata de un delito del que culpan sobre todo a las víctimas, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) elaborado en siete países de la región.

De acuerdo al estudio, realizado con encuestas a más de 8.000 personas en Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Panamá y República Dominicana, el 95% de los consultados considera que la explotación sexual comercial, que afecta sobre todo a los y las adolescentes de extracción baja, se trata de un delito. Sin embargo, una de cada cuatro personas, y la mitad en El Salvador, admite que "no haría nada" para denunciarlo.

El estudio, encargado por el proyecto "Contribuciónn a la prevención y eliminación de la explotacion sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en Centroamérica, Panamá y República Dominicana", tiene un margen de error de 5%. Según la costarricense Nidia Zúñiga, que trabaja en el proyecto de la OIT contra la explotación sexual comercial en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, estos resultados sobre la percepción que tiene la población de la explotación sexual comercial muestran que "todavía no interiorizamos que esta situación no debe ser tolerada" y que se trata de una situación "inadmisible".

Lo más sorprende es que el 60% de los encuestados culpan a las víctimas del delito. "Este resulado evidencia que las personas encuestadas no asocian al 'cliente' explotador con las causas de la explotación sexual comercial", dice el informe, continuación de otro elaborado en 2005. De hecho, el 61% considera que la familia de la víctima es la principal responsable. Según Zúñiga, en Centroamérica, las víctimas de explotación sexual comercial son mayoritariamente adolescentes de ambos sexos.

A la luz de estos resultados, Zúñiga asegura que es necesario llegar a los sistemas de justicia, replantear campañas y estrategias de comunicación, elegir como objetivo a los jóvenes, visto que en su mayoría los explotadores son hombres, y utilizar un "lenguaje más popular" que llegue a todos para acabar con este problema. "Para acabar con un problema tan complejo como éste hay que llegar a todos", expresó.