•   Mosul, Irak  |
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  • AFP

En Mosul, los maestros se forman para aprender a acompañar a sus alumnos a menudo propensos a pesadillas y comportamientos violentos, traumas heredados de tres años de reinado yihadista y nueve meses de combates devastadores en esta ciudad iraquí.

En el gimnasio de la universidad de esta ciudad del norte, de donde los yihadistas de Estado Islámico fueron expulsados hace seis meses, varias decenas de maestros rodean a un instructor que dibujó en un pizarrón blanco "el árbol de problemas" de sus alumnos.

En la base están "los padres muertos", "el espectáculo de las decapitaciones", "las destrucciones" pero también "la pobreza" que obliga a algunos niños a abandonar la escuela para trabajar.

En la cima, en las ramas, "la sonrisa que hay que volver a encontrar", "la esperanza" y "el optimismo". Los objetivos de esta formación que deben permitir a los maestros ayudar a que sus alumnos alcancen.

Con juegos, mimos y actividades deportivas, Nazem Shaker enseña a los hombres y mujeres, algunos traumatizados por EI y sus matanzas, a escuchar y acompañar a los alumnos.

En primer lugar buscan ayudar a los niños a reconstruirse y evacuar su estrés, la presión y los malos recuerdos. Pero se debe también, dice, enseñarles "a vivir juntos" y "desarraigar la violencia".

'Agotado'

Noamat Sultan, director de una escuela, observa día a día los comportamientos violentos de los niños escolarizados.

"Uno de nuestros alumnos era particularmente agresivo y provocaba todo el tiempo a sus compañeros", cuenta a la AFP. Luego de una enésima pelea "hablamos con él y supimos que su padre y su hermano murieron en una explosión".

Desde ese día, comunicando con los colegas y con la ayuda "de su hermano mayor", Sultan y sus maestros prestaron más atención y escucha a ese alumno.

"Ya logramos convencerlo de no abandonar la escuela", dice el director.

Rasha Ryadh, profesora de gimnasia, siente cada día en sus alumnos "la enorme presión psicológica que sufrieron al ver las ejecuciones, las muertes, explosiones, la muerte de allegados".

Escenas de horror que los niños recuerdan, de día en clase o la noche en pesadillas.

Pero si Rasha sigue la formación es que está convencida de que esos niños "están listos para responder de manera positiva a los programas de rehabilitación, porque quieren terminar con los recuerdos que los llevan otra vez a la época de EI".

Es el caso de Ahmed Mahmud que, con sólo 12 años, dice estar "agotado" por todo lo que vio con los yihadistas.

"Todavía hoy estamos cansados y todo eso no terminó. Cuando me siento en clase, no tengo la cabeza libre como para estudiar", explicó a la AFP.

"Vuelvo a pensar en la época de EI, me acuerdo de la gente ejecutada, como mi tío. Tiraban a la gente de los techos de los edificios y nos obligaban a mirar", cuenta.

'Ya no come'

Además del terror que los yihadistas hicieron reinar, los nueve meses de combates urbanos agotadores que permitieron retomar Mosul en julio, dejaron rastros.

Osama, de 12 años, dejó de hablar el día en que la casi totalidad de los edificios de su calle se derrumbaron sobre sus vecinos, en donde tenía amigos de su edad, destruidos por los bombardeos aéreos, cuenta su madre.

"Durante semanas no dijo ni una palabra. A veces sale de casa sin avisarnos y camina durante horas sin rumbo. Muchas veces tuvimos dificultad en volver a encontrarlo", dice esta mujer de 33 años.

Y desde ese día "ya no come, no se vista, no se lava sin mi ayuda o la de su padre".

Osama no volvió a la escuela este año. Pero los que sí lo hicieron siguen clases en complejos destruidos y clases sobrecargadas, dice Sultan.

En su colegio los 900 alumnos sólo siguen sus cursos en la mitad del complejo, la otra mitad es un inmenso montón de escombros.

En las clases, sobre los dos bancos de un pequeño pupitre los alumnos se sientan a veces de a cinco.