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MÉXICO / AFP

El camino de doble vía entre Estados Unidos y México, la droga que va al norte y las armas y el dinero al sur, hace de la frontera común un objetivo de máxima seguridad para ambas naciones, que será prioridad en la visita que el presidente Barack Obama cumplirá hoy jueves al país latinoamericano.

El tráfico de drogas de México hacia Estados Unidos es un tema añejo en la agenda binacional que ha recrudecido por la guerra entre los cárteles, mientras que el de las armas, ha encendido los focos de alarma en los últimos años al ritmo de la espiral de ejecuciones ligadas al narcotráfico.

Las estimaciones sobre el monto del trasiego de drogas se mueven en la nebulosa alimentada por la leyenda de “capos” como Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del cártel de Sinaloa y cuya fortuna, según la revista Forbes, lo coloca en el lugar 701 del club de los más ricos con un mil millones de dólares.

En México, según la Procuraduría General de la República (PGR), el tráfico de drogas dejaría anualmente una ganancia cercana al 1% del Producto Interno Bruto del país.

“Estimamos, junto con la DEA, 10 mil millones de dólares al año relacionados con el tráfico de drogas, que se quedan netos en México, o sea, después de pagar los precios de producción en México y sobre todo de importación”, reconoció en marzo pasado el procurador Eduardo Medina.

EU debe cambiar actitud

Sobre este tráfico de doble sentido, el presidente mexicano Felipe Calderón reclamó en marzo pasado, en entrevista con la AFP, un “cambio de actitud en la sociedad y en el gobierno de Estados Unidos” para enfrentar al flagelo del narcotráfico de forma común.

El problema del crimen organizado en México, dijo Calderón, responde al hecho de “tener a nuestro lado al consumidor (de drogas) más grande del mundo”, y advirtió que “el mayor poder dado al crimen organizado a través de las armas viene de Estados Unidos”.

El tráfico de armas de Estados Unidos hacia México ha crecido al ritmo de las ejecuciones ligadas a los ajustes de cuentas en los últimos años y que pasaron de 2,100 en 2006 a más de 5,300 en 2008, mientras en 2009 suman ya casi 2,000.

Según un informe de la PGR sobre tráfico de armas elaborado en marzo pasado, en el período 2002-2006, el promedio anual de armas largas incautadas era de 2,500 --unas 208 por mes--, mientras que a partir de diciembre de 2006 la cifra promedio mensual aumentó a casi 700.

“En 27 meses, del 1 de diciembre de 2006 al 5 de marzo de 2009, se han incautado 34,420 armas, de las cuales 18,852 son largas, en su mayoría fusiles de asalto; así como 4.6 millones de cartuchos y municiones y 2,636 granadas”, según el documento.

Tráfico hormiga

La PGR considera que los cárteles de la droga “no controlan el contrabando de armas”, sino que es producto de un tráfico “hormiga”, es decir, en pequeñas cantidades, y que son abastecidos desde Estados Unidos con una derrama económica anual de los 800,000 a los dos millones de dólares.

“La modalidad preferida de los traficantes de armas es comprarlas a ciudadanos estadounidenses o residentes legales” que las adquieren en las más de 12,000 armerías que existen en la frontera sur de Estados Unidos y “pasan ocultas en vehículos terrestres, llantas de refacción, respaldos de asientos y carrocerías”.

Las armas, según la PGR, son introducidas por los 19 cruces formales a lo largo de 3,152 km de la frontera, línea divisoria cuya “porosidad” reconocen las autoridades mexicanas pues tan sólo en el estado de Chihuahua, fronterizo con Texas y Nuevo México, existen más de 300 brechas para cruzar.

Chihuahua es el estado con mayores niveles de violencia de México a raíz de una guerra entre los cárteles de Juárez y de Sinaloa por el contrabando de drogas hacia el vecino del norte, que ha dejado 2,400 muertos en 2008.

En la antesala de la visita del presidente Obama a México, el jueves y el viernes próximos, su secretaria de Estado, Hillary Clinton, aseguró en México, el pasado 26 de marzo, que la actual Administración quiere poner fin a la venta de armas de asalto que nutren a los cárteles de las drogas.

Reconoció que la expiración en 2004 de una ley que prohibía la venta de esas armas en Estados Unidos había sido “un error”, aunque advirtió que renovar esa restricción desataría una fuerte oposición en su país.