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  • EFE

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, remitió hoy a la Justicia su pasaporte a través de sus abogados, después de que un tribunal le prohibió salir del país por su condición de condenado a prisión por corrupción.

El documento de Lula fue entregado en un tribunal de Sao Paulo por miembros de su equipo de defensa en cumplimiento de una orden dictada por un juez de Brasilia, que alertó sobre la posibilidad de que el expresidente no regresara al país tras un viaje que tenía planeado para hoy a Etiopía.

Lula iba a participar en un evento sobre el combate al hambre en el mundo organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que se celebra en Adis Abeba, en el marco de una Cumbre de la Unión Africana.

Sin embargo, después de que el pasado miércoles un tribunal de segunda instancia ratificó y amplió de nueve a doce años la pena dictada contra Lula por un juez inferior, una corte de Brasilia prohibió que el expresidente abandone el país.

"Lamentamos que Lula no pueda compartir en persona su valiosa experiencia en la lucha contra el hambre en la cumbre de Etiopía. El evento del sábado con jefes de Naciones Unidas y la Unión Africana y otros es una gran oportunidad para hablar de progreso del Hambre en África", señaló la FAO en una reacción divulgada hoy a través de Twitter.

En su decisión, el juez Ricardo Leite, responsable de una de las siete causas penales que enfrenta Lula, indicó que "es público" que "algunos aliados políticos del expresidente, que buscan politizar los procesos judiciales, han pensado hasta en un eventual pedido de asilo" en otro país. Según el magistrado, los viajes internacionales de Lula, sobre todo a países "que no tienen tratados de extradición con Brasil", como es el caso de Etiopía, "merecen un tratamiento diferenciado".

A pesar de su cada vez más complicada situación jurídica, y en un paso más de la "defensa política" de su fundador y máximo líder, el Partido de los Trabajadores (PT) ratificó este jueves a Lula como su candidato a presidente para las elecciones de octubre próximo.

El futuro de esa proclamación, sin embargo, está en manos de los tribunales, pues las leyes brasileñas impiden que una persona que ha sido condenada en segunda instancia postule a un cargo electivo.

La posible impugnación de la candidatura de Lula, no obstante, sólo puede ocurrir a partir del 15 de agosto, cuando vence el plazo para la inscripción de candidatos en el Tribunal Superior Electoral, que tendrá la última palabra sobre el asunto.

Más allá de la posibilidad de que su candidatura sea rechazada, Lula también corre el riesgo de que el tribunal de segunda instancia que ratificó su condena decida ejecutar la pena una vez agotados las apelaciones que su defensa puede presentar ante esa misma corte.

Sin embargo, si esas apelaciones fueran rechazadas, Lula todavía tendría derecho a recurrir ante tribunales superiores, lo que puede postergar una eventual decisión de enviarle a prisión.