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  • EFE

El papa Francisco se retirará del 18 al 23 de febrero a la localidad de Ariccia, próxima a Roma, para realizar los ejercicios espirituales de Cuaresma con miembros de la Curia Romana, informó hoy el diario vaticano "L'Osservatore Romano".

Estas jornadas de meditación tendrán por tema "Elogio de la sed" y se desarrollarán, como en los años anteriores, en la casa del Divino Maestro de Ariccia, una localidad situada a unos 26 kilómetros al sur de Roma. 


La reflexiones estarán a cargo del sacerdote José Tolentino de Mendonça, vicerrector de la Universidad católica de Lisboa y consultor del Pontificio Consejo de la Cultura.

Durante estos días, el papa Francisco interrumpirá su agenda y no celebrará audiencias ni públicas ni privadas, ni siquiera la general que preside cada miércoles en la plaza de San Pedro. 

El papa Francisco también instó  a la unidad de los cristianos y lamentó que se enfrenten a diario a desafíos que "degradan la dignidad humana", como los conflictos, la trata de personas o las "penurias y el hambre".

El pontífice, quien presidió la celebración de las segundas vísperas de la Solemnidad de la Conversión de San Pablo en la basílica romana de San Pablo Extramuros, lamentó en su homilía las difíciles situaciones que viven a menudo los cristianos.

"Los cristianos afrontan desafíos que degradan la dignidad humana: huyen de situaciones de conflicto y miseria, son víctimas de la trata de seres humanos y otras formas de esclavitud modernas, padecen penurias y hambre, en un mundo cada vez más rico en medios y más pobre de amor, donde las desigualdades continúan aumentando", criticó.

Aprovechó la ocasión para pronunciar una homilía inspirada en dos momentos significativos del libro del Éxodo: el rescate de Moisés de las aguas del Nilo y la salvación del pueblo de Israel, conducido por un Moisés ya adulto a través de las aguas del mar Rojo.



En este sentido, llamó a la unidad de los cristianos y dijo que todos ellos están ligados con el vínculo del bautismo, que destruye a los enemigos que son "el pecado y la muerte".

Según Francisco, ante las adversidades de la vida, los cristianos deben sostenerse los "unos a los otros y afrontar (...) cada reto del mundo con valor y esperanza".

A la ceremonia acudieron representantes de diversas iglesias presentes en Roma, como el representante del Patriarcado Ecuménico ortodoxo, el metropolitano Gennadios Zervós, o el del arzobispado de Canterbury (sede primada de los anglicanos), Bernard Ntahoturi.