•   París, Francia  |
  •  |
  •  |
  • AFP

Salah Abdeslam, el único superviviente de los comandos yihadistas que perpetraron los atentados de París de 2015, que irá a juicio el 5 de febrero en Bélgica por el tiroteo que llevó a su captura, sigue siendo un enigma.

En el suburbio popular de Molenbeek, en Bruselas, donde creció, Abdeslam tenía fama de ser un delincuente de baja calaña, que fumaba marihuana, bebía cerveza, y no era muy apegado a la religión. Antes de radicalizarse en tiempo récord.

La policía antiterrorista francesa cree que Abdeslam desempeñó un papel clave en los ataques del 13 de noviembre de 2015, cuando tres comandos de yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) sembraron el terror en bares, restaurantes y una sala de espectáculo de París, matando a 130 personas.

Este ciudadano francés, de origen marroquí, ahora de 28 años, se habría encargado de alquilar los vehículos y las habitaciones utilizadas por los atacantes y de organizar el viaje de los miembros de esta red yihadista hasta Francia.

La noche de la masacre fue equipado con un cinturón de explosivos. Pero a diferencia de su hermano, Brahim, no activó su dispositivo, que fue encontrado en un cubo de basura días después del ataque.

Logró escapar de Francia en coche tras la matanza y pese a que la foto de este joven moreno de ojos marrones circuló por toda Europa, consiguió esconderse durante cuatro meses.

Fue capturado en Molenbeeck en marzo de 2016 en una espectacular operación policial durante la cual sufrió una herida de bala en la pierna.

Se mantiene en silencio

Desde su traslado a Francia en abril 2016 Abdeslam se ha atrincherado en su silencio. Durante los cinco interrogatorios a los que ha sido sometido, se ha negado a responder a las preguntas de los investigadores.

Será juzgado en Bélgica, en su primera aparición pública desde los atentados de París, por un tiroteo con policías ocurrido días antes de su captura. Tres agentes resultaron heridos y un yihadista argelino murió en aquel incidente.

Abdeslam está encarcelado en un régimen de aislamiento muy estricto en la prisión más grande de Europa, la de Fleury-Mérogis.

No obstante, en los últimos meses se han relajado sus condiciones de detención debido a temores sobre su salud mental. Concretamente, una de las ventanas de su celda fue destapada, por lo que ahora puede escuchar los ruidos exteriores.

Todo indica que será trasladado a una prisión de alta seguridad en el norte de Francia, más cerca de Bélgica, para su juicio.

'Malas compañías'

Salah Abdeslam vivía con sus padres, sus dos hermanos, Mohamed y Brahim, y su hermana en un edificio con vista a la alcaldía en Molenbeek. Era una familia unida, "abierta y liberal, no muy religiosa", contó tras su captura Olivier Martins, exabogado de Brahim.

Salah trabajó como técnico en la STIB, la empresa de transporte público de Bruselas. En marzo de 2013 abrió un bar con su hermano, "Les Béguines", en Molenbeek, donde se bebía cerveza y se fumaban porros.

Los amigos de los hermanos Abdeslam dicen que mostraron señales de fervor religioso antes de la matanza. Para algunos de ellos el problema llegó con "las malas compañías".

Entre sus amigos estaba Abdelhamid Abaaoud, quien se convertiría luego en uno de los yihadistas belgas más notorios y en el presunto cerebro de los atentados de París. Luego de un robo en 2010 coincidieron con él en la cárcel.

En los últimos meses "ya no bebían y rezaban un poco más que de costumbre", relató su otro hermano, Mohamed, detenido en Bruselas al día siguiente de los ataques pero liberado luego sin cargos.

El viernes 13 de noviembre Brahim se hizo estallar en el bulevar Voltaire en París. ¿Le esperaba a su hermano, Salah, el mismo destino? Según un análisis recientemente revelado por la radio France Inter, su cinturón de explosivos tenía un defecto, pero se desconoce si intentó o no activarlo.