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  • EFE

Los muros de una casa adaptada como aula de clases le hacen eco a las voces de hombres que, por primera vez, reconocen avergonzados: "Soy violento, y estoy aquí para apoyar y ser apoyado".

En este lugar decorado con cárteles alusivos al "antimachismo", los hombres hacen un alto en el camino para reflexionar acerca de la violencia y las consecuencias que ésta acarrea.

"Se trata de un modelo reeducativo en el que se revisan las historias de los participantes y, a través de señales del cuerpo, nos indican la violencia, cómo se manifiesta", explica a Efe Ricardo Ayllón, coordinador del Programa de Metodología de la Organización Género y Desarrollo (Gendes).

Esta asociación se dedica a promover nuevas masculinidades con el objetivo de erradicar los diferentes tipos de violencia contra la mujer: sexual, física, psicoemocional, económica o verbal, a través de talleres y cursos.

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"Llegué aquí por un acto de violencia que cometí con mi esposa. Le grité; tuvimos un conflicto y eso provocó que nos separáramos. Me dijo que no le gustaba que le gritara, que sentía miedo y eso me hizo reflexionar", explica Jorge, un ingeniero que tiene un año en el grupo.

Gendes se fundó en 2003 para trabajar en la rehabilitación del machismo, la promoción de la igualdad de género, pero con hombres, "porque son los que mayoritariamente ejercen la violencia de género", explica Ayllón.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la violencia de género representa la pérdida de entre el 1 y el 2 % del producto interno bruto mundial.

En México, el estudio "Panorama de violencia contra las mujeres 2011" del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señala que casi la mitad de las mujeres (47 %) reportan haber vivido violencia en su última relación de pareja y una tercera parte (32 %) en espacios públicos.

El modelo de Gendes se enfoca en que el usuario identifique, analice y frente las formas de violencia que ejerce contra la pareja y otras personas con las que se vincula frecuentemente.

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"Uno está acostumbrado a que todo sea mucho más fácil, aquí te enseñan a que hay otras maneras de poder ser hombre, que puedes cambiar tú para mejorar las relaciones con los que te rodean", señala Jorge.

Además, se busca que los hombres inicien un proceso de convivencia desde un lugar no violento, de intimidad y autosuficiencia.

"Una de las cosas que aprendemos aquí es no esperar servicios de los demás, ser autosuficiente. Si quiero que mi ropa esté limpia debo hacerlo yo, y no reclamarle a otra persona. Aquí te enseñan a generar un ambiente de confianza con los demás", reconoce Jorge.

Si bien es difícil cuantificar su trabajo, durante 2016 Gendes atendió a 176 usuarios y sensibilizó a alrededor de 3.500 personas mediante distintos talleres.

El grupo de reflexión y su trabajo reeducativo es un proceso de un año completo mediante 52 sesiones semanales de dos horas y media cada una a un costo de 100 pesos (5,3 dólares).

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"Tratamos de aprender formas diferentes de resolver los conflictos en las cuales haya igualdad, equidad, dignidad con la compañera o personas con las que queremos construir relaciones de intimidad", relata Arturo Ascención, un guía de grupo.

Según la asociación el 90 % de los hombres llega tras una crisis porque los ha dejado la esposa, o los hijos, cansados de tanta violencia; y más del 60 % no quieren que su familia se vaya pero sólo un 10 %, reconocen que su violencia es desmedida y piden ayuda.

"Muchos vienen y piden ayuda, a veces sin reconocer que son violentos, otras veces obligados", acepta Ayllón quien señala que algunos creen ser machistas pero a través de códigos culturales muy arraigados se dan cuenta que sí lo son.

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"Debo confesar que me dio vergüenza venir, llegar y decirles que fui violento con mi pareja, pero el mismo grupo de compañeros me ayudó a darme valor para expresarme y al mismo tiempo reflexionar sobre lo que estaba haciendo mal", reconoce Jorge.

El ingeniero acepta que el modelo de Gendes le ha ayudado a mejorar sus relaciones con quienes lo rodean.

"Soy más íntimo conmigo, y con los demás tengo la confianza en decir lo que siento, decir que no me gusta, podemos hacer esto, no tengo miedo al qué dirán", concluye.

En Gendes, no sólo hay grupos de reflexión, también se dedican a la investigación, a sensibilizar a funcionarios públicos, a replicar el modelo reeducativo y esperan que esto pueda tener un impacto en la sociedad.