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  • EFE

El vicepresidente de Colombia, Óscar Naranjo, valoró hoy lo que llamó "dividendos" de la paz y las "oportunidades" de inversión que genera en el país tras el acuerdo con la guerrilla de las FARC de noviembre de 2016.

En una entrevista con Efe, Naranjo advirtió de que el camino de la paz será largo, la reconciliación llevará años y el perdón tardará incluso más, pero eso no debe impedir avanzar para asegurar que la "violencia no es una opción" en Colombia.

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En este sentido, subrayó que el próximo Gobierno colombiano no puede defraudar las expectativas de los colombianos, cualquiera que gane las elecciones presidenciales de la primavera, y deberá garantizar la "inclusión social y política".

Naranjo, de visita en España, explicó que los cerca de siete millones de personas de las zonas que vivieron el conflicto armado directamente están demandando bienes y servicios.

Pero son también los 15 millones de habitantes de áreas próximas y los 50 millones de colombianos los que realmente están con la paz, afirmó.

"Por lo tanto -dedujo-, hay toda una oportunidad para el empresariado de llegar a esa Colombia profunda y conectarla con la urbana." A pesar de una inversión española durante largos años en sectores muy importantes (minero-energético, comunicaciones), "ahora hay toda una posibilidad para ampliar esa participación empresarial", agregó.

El vicepresidente colombiano calificó de "vital" transmitir un mensaje para invertir en zonas deprimidas, lo que relacionó con tres "megaproyectos" en la Colombia "profunda y rural": Primero, la potencialidad para la producción de alimentos; Segundo, las oportunidades de generar infraestructuras (electrificación, acueductos); y tercero, una reconstrucción del tejido social.

Preguntado por los apoyos internacionales con que cuenta el proceso de paz, señaló que éste es un proyecto "de Estado", que supera la coyuntura política.

En este sentido, agradeció la presencia española en los momentos difíciles.

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"Y ahora, en condiciones de prosperidad, esperamos un creciente entusiasmo de España alrededor de nuestro país", confió.

Sobre las amenazas para la paz, Naranjo indicó que existe una decisión personal en cada ciudadano de no regresar a la guerra.

"Esperaría que la dirigencia política lea ese sentimiento", enfatizó.

Comentó que los disidentes de las FARC son un "peligro real, pero son controlables", y "enfrentarán la persecución militar, policial y judicial con todo rigor".

También habló de la alta abstención en las elecciones legislativas del domingo pasado, a pesar de ser las primeras en paz tras cinco décadas.

Lo relacionó con una "creciente apatía por la participación política en términos electorales" en Iberoamérica y Occidente en general, y Colombia "no es ajena" a esa tendencia.

"Sin embargo, por primera vez hubo puestos y mesas de votación en lugares donde antes era imposible", aunque se necesita un "aprendizaje" para que el voto no se entienda solo como derecho, sino deber ciudadano, aunque no sea obligatorio en Colombia.

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En relación con los pobres resultados electorales de las FARC, ya como partido, Naranjo interpretó que es una organización que siempre "mezcló" las armas con la política, "y tiene que aprender a hacer política sin armas".

Y preguntado por un posible riesgo de populismo político, respondió: "Nuestra sociedad ha padecido muchísimo la violencia del conflicto armado. Y si bien busca de manera afanosa soluciones a ello, al mismo tiempo es reflexiva para entender que la política no puede ser solo una movilización alrededor del miedo".

Admitió, no obstante, un desengaño "creciente", también globalmente, relacionado con la indignación ciudadana.

Sobre otras amenazas de seguridad, admitió que poner fin al conflicto no significaba acabar de manera "mágica" con el crimen organizado, muy basado en el narcotráfico.

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Pero ahora llega la ocasión de que 123.000 familias sustituyan los cultivos de coca por otros legales.

"Si uno cierra esa válvula -planteó-, el crimen organizado empieza a debilitarse. Pero mientras eso sucede, para nada hemos bajado la guardia".

Preguntado por su futuro político, responde que dará "un paso al costado" a partir del 7 de agosto, cuando tome posesión el nuevo presidente de la República.

"No tengo aspiraciones electorales ni políticas", concluyó.

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