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  • EFE

El papa Francisco viaja mañana a Pietrelcina y San Giovanni Rotondo, dos localidades del sur de Italia ligadas a la vida del padre Pío, uno de los santos más venerados en el país, conocido por los estigmas que aparecían en sus manos y cuyo santuario es de los más visitados del mundo.

El viaje de Francisco coincide con el centenario de las apariciones de los estigmas de san Pío de Pietrelcina y el 50 aniversario de su muerte.

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El programa de la visita prevé la llegada en helicóptero a Pietrelcina, en la región de Campania, y ciudad natal del santo, donde Francisco se detendrá brevemente en oración en la capilla de san Francisco ante el olmo de los estigmas y después se reunirá con los fieles en la explanada adyacente.

Se trata de la primera visita de un papa a la localidad natal de este santo.

Después se trasladará de nuevo en helicóptero a la localidad de San Giovanni Rotondo, en la región de Apulia, donde vivió este monje capuchino y la primera cita del Pontífice será en el hospital "Casa Alivio del Sufrimiento".

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Posteriormente, se dirigirá al santuario de Santa Maria delle Grazie, donde saludará a los capuchinos y se detendrá ante el lugar donde se encuentra el cuerpo de san Pío de Pietrelcina.

El Padre Pío. Foto: Cortesía / END.Después en la monumental iglesia de San Pío inaugurada en 2004 para albergar a los numerosos fieles que acuden en peregrinación, Francisco celebrará una misa y después regresará a Roma.

El padre Pío, nacido en 1887 y fallecido en 1968 y cuyo nombre de pila era Francesco Forgione, fue proclamado santo por el papa Juan Pablo II.

San Pío de Pietrelcina es uno de los santos más venerados en Italia y en numerosos países y su santuario en San Giovanni Rotondo, es el templo más visitado del mundo católico tras el Vaticano y el templo mexicano de la Virgen de Guadalupe.

Su fama se debe además de una vida en total pobreza y los estigmas en las manos, pies y costado que le aparecían y que la Iglesia atribuía a que reproducían las llagas de cristo.

Este fenómeno hizo que se abriesen varias investigaciones por parte del Vaticano para comprobar la veracidad e incluso se le llegó a prohibir durante varios años oficiar misas públicas al considerarlo un farsante, pero después llegó su total reconocimiento y rehabilitación.

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Los estigmas documentados en varias fotos y filmados de la época le aparecieron durante más de 60 años y desaparecieron de pronto el 22 de septiembre de 1968, cuando celebraba su última misa, un día antes de su muerte.

Las reliquias del fraile capuchino fueron expuestas en febrero de 2016 en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en uno de los eventos más importantes programados dentro del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que proclamó Francisco.