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  • EFE

Al menos 20 personas, entre ellas un casco azul ruandés, murieron este martes por la noche en enfrentamientos entre milicianos y fuerzas de la ONU en la capital de la República Centroafricana (RCA), Bangui, informaron hoy la misión de Naciones Unidas en este país (MINUSCA) y organizaciones civiles locales.

En un comunicado en su página web, las fuerzas de paz internacionales confirman la muerte de un casco azul y hablan de otros ocho heridos, de los que uno permanece en estado crítico.

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Por su parte, el colectivo de musulmanes del distrito PK5, en el que se produjeron los enfrentamientos, asegura que 19 de los milicianos del barrio perecieron en el último capítulo de las operaciones de desarme forzoso de las autodenominadas fuerzas de defensa de esa zona, que comenzaron el pasado domingo.

 

Este colectivo ha organizado una protesta hoy ante la sede de la MINUSCA, a la que han llevado los cadáveres de los fallecidos para mostrarlos.

El enfrentamiento de anoche, en el que la MINUSCA contó con la colaboración del Ejército centroafricano para enfrentarse a "elementos fuertemente armados", duró cuatro horas. Estas víctimas mortales se suman a las del pasado domingo, cuando el balance fue de tres muertos, varios heridos y ocho detenidos.

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La MINUSCA reclamó el fin de las tensiones en la zona, que "ya han causado la pérdida de un número significativo de vidas", y reiteró su ofrecimiento para apoyar medidas que acaben con esta situación de forma pacífica. El citado colectivo de musulmanes emitió un comunicado en el que asegura que "el PK5 está en guerra total", y prometió publicar el número total de víctimas civiles "muy pronto".

Asimismo, acusó al Ejecutivo de "patrocinar directamente las acciones actuales contra el PK5".

Pese a que Bangui es una ciudad eminentemente cristiana, el PK5 está poblado principalmente por musulmanes, y está controlado por un grupo rebelde que se arroga el título de "autodefensa de la zona" y al que las fuerzas de la MINUSCA han confiscado ya armas, munición y drogas.

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La República Centroafricana vive un complicado proceso de transición desde que en 2013 los rebeldes Séléka derrocaran al presidente François Bozizé, desatando una ola de violencia sectaria entre musulmanes y cristianos que causó miles de muertos y ha obligado a cerca de un millón de personas a abandonar sus hogares.

La elección de Faustin Archange Touadéra como nuevo presidente en febrero de 2016 debía abrir una nueva etapa para la República Centroafricana, que sin embargo todavía tiene muchos problemas para controlar a los grupos rebeldes en zonas alejadas de la capital.