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  • AFP

Es un pequeño partido anticapitalista y separatista con un puñado de diputados en el Parlamento catalán, pero la CUP ha desempeñado un papel decisivo en momentos clave del movimiento independentista en la región española.

Esta formación de izquierda radical volvió a captar toda la atención este domingo, cuando decidió la abstención de sus cuatro diputados para permitir que el lunes se forme un gobierno dirigido por el independentista Quim Torra, sucesor del cesado Carles Puigdemont.

Si sus bases hubieran votado en contra, la Candidatura de Unidad Popular (CUP) hubiera empujado a la región con 7,5 millones de habitantes a convocar nuevas elecciones.

Ya sus diputados, indispensables en los últimos años para que los independentistas impusieran su mayoría, mostraron su poder en 2016, cuando forzaron la renuncia del entonces presidente catalán conservador Artur Mas a favor de Puigdemont.

Carles Puigdemont.

Nacido a finales de 1980, este movimiento ciudadano que toma todas sus decisiones consultando a las bases llegó por primera vez al Parlamento catalán en 2012 al calor de la indignación social por la crisis económica con tres diputados.

En septiembre de 2015 triplicó su representación, con 8,21% de los votos y diez representantes en la cámara catalana de 135 escaños, donde suelen vestir informalmente con camisetas reivindicativas.

Fueron férreos defensores de la apuesta secesionista, que desembocó en un referéndum de autodeterminación, celebrado el 1 de octubre pese a la prohibición de la justicia y marcado por la violencia policial, y la posterior declaración de independencia, que celebraron puño en alto en las escaleras de la cámara.

Desde entonces, insisten en la desobediencia y sus militantes han animado a los llamados Comités de Defensa de la República, grupos radicales que han realizado protestas de calle.

La apuesta parece darles réditos: la formación pasaría de 4 a 11 diputados en unas elecciones, según un sondeo divulgado el viernes, que dibujó el perfil de sus votantes: jóvenes (alta representación en los tramos de 18 a 49 años), nacidos en Cataluña (90% contra el 67% del total del censo) y con alto nivel de estudios (casi 50% al menos universitarios).

La CUP solo tiene dos exdiputadas regionales imputadas por desobediencia, un delito menor: Mireia Boya espera su juicio en libertad mientras que Anna Gabriel se instaló en Suiza, alegando que no recibiría un proceso "justo" en España, donde tiene una orden de detención si regrese.

"No somos nacionalistas en absoluto", afirmó Anna Gabriel en meses pasados. Pero "necesitamos romper con este Estado para cambiarlo todo".