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  • AFP

El jefe nacionalista chiita Moqtada Sadr lanzó las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno en Irak tras unas elecciones legislativas que resultaron en un rechazo de la clase política, inamovible desde la caída de Sadam Husein en 2003.

Los iraquíes, que se abstuvieron el sábado masivamente y los que votaron llevaron al primer lugar a dos listas de marginales de la política, enviaron un mensaje claro: se necesita un "cambio", "nuevas caras" en el poder.

La lista de Moqtada Sadr, aliada con comunistas, se impuso, según los resultados casi definitivos, seguidos por la de los exmiembros del Hashd al Shaabi, milicianos que tuvieron un papel crucial en la lucha contra los yihadistas.

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Moqtada Sadr parece por lo tanto en buena posición para decidir la forma que tendrá el próximo gobierno.

"Si queremos cambiar las cosas, el primer ministro tiene que salir de 'la Marcha para las reformas'", la lista que dirige, afirma a la AFP Salah Jamal, de 24 años en el barrio de Sadr City, bastión del movimiento de Sadr en Bagdad.

"Probamos con todos desde (las primeras elecciones multipartidistas de Irak) 2005 (...) y no vimos ningún resultado", continuó, categórico, hablando de los políticos.

Para impedir todo regreso de una dictadura, Irak elaboró un complejo sistema para dividir al Parlamento.

Por ello a cada elección legislativa le siguen largas negociaciones para formar una mayoría gubernamental, y las listas que terminaron siendo las más votadas fueron apartadas en el pasado por el equilibrio de fuerzas de los grupos parlamentarios.

Washington y Teherán, incómodos

Estas nuevas negociaciones se anuncian aún más complicadas dado que las dos potencias presentes en Irak, Estados Unidos e Irán, se enfrentan en otro terreno luego de que Washington decidiera no cumplir con el acuerdo nuclear sellado con Teherán.

Además, la personalidad y la trayectoria de Moqtada Sadr plantea problemas, tanto a Washington como a Teherán. Los estadounidenses recuerdan en efecto a su poderosa milicia, contra la que combatieron tras la invasión de Irak en 2003.

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Los iraníes no olvidan las posiciones antagonistas que este descendiente de dignatarios religiosos, respetados opositores, tomó regularmente, como su visita al enemigo de Irán, Arabia Saudita.

En 2014, el primer ministro saliente, Haider al Abadi, llegó al cargo porque Estados Unidos e Irán lograron ponerse de acuerdo sobre este político chiita formado en Gran Bretaña.

20 ganadores para 17 bancas

La situación es hoy diferente. Según fuentes políticas, los iraníes ya iniciaron encuentros con diferentes partidos iraquíes para oponerse a Sadr.

Una de las alianzas que se baraja es la de Abadi con Hadi al Ameri, jefe de la poderosa organización Badr, apoyada y armada por Irán, y Nuri al Maliki, su predecesor en la jefatura del gobierno, que para numerosos iraquíes representa la clase política corrupta y hermética que denuncian frecuentemente.

Esta ola de descontento popular contra los políticos favoreció a Moqtada Sadr, heraldo de las manifestaciones semanales contra la corrupción y los prevaricadores lanzadas en 2015.

Ameri también sacó provecho, haciendo valer que junto a otros en su lista Hashd al Shaabi puso en riesgo su vida en el frente para vencer al grupo yihadista Estado Islámico (EI), en un momento en que numerosos iraquíes acusan a sus dirigentes de buscar la riqueza personal antes que el interés general.

El lunes en Twitter, Moqtada Sadr tendió la mano a numerosas fuerzas políticas, pero excluyó a Ameri y a Maliki de su lista de posibles aliados.

En esto primeros comicios desde la victoria proclamada sobre el Estado Islámico, la participación fue de 44,52%, la más baja desde la caída de Sadam Husein.

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Los resultados definitivos no fueron anunciados aún, por lo que corren todo tipo de especulaciones.

Al sur de Bagdad por ejemplo, 20 candidatos declararon su victoria en la provincia de Babilonia, que sólo cuenta con 17 bancas.

El escrutinio continúa en algunos lugares, pero los resultados ya no tendrán efecto en los resultados parciales publicados, indicó una fuente de la comisión electoral.

Sólo faltan los resultados de dos provincias: Dohuk, en Kurdistán, y Kirkuk, gobernación multiétnica en donde árabes y turcomanos impugnan los resultados.