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Este martes se cumple un año del asesinato del periodista mexicano Javier Valdez y aunque el dolor aún embarga a su viuda Griselda Triana, ahogando súbitamente sus palabras, es irreductible en su reclamo de justicia y asegura que el legado de su marido está más vigente que nunca.

Valdez, un periodista especializado en narcotráfico y reconocido internacionalmente por sus artículos y libros, fue asesinado a balazos en plena calle hace un año en el estado de Sinaloa (noroeste), de donde era originario, en un crimen que estremeció al gremio periodístico de México.

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Valdez fue fundador del semanario Ríodoce, que publicaba en su estado natal, corresponsal del diario La Jornada y colaborador de la AFP durante una década.

El pasado 23 de abril se anunció la primera captura relacionada con el asesinato y se reconoció que las investigaciones apuntan a que el trabajo de Valdez sería el móvil del crimen.

México es considerado uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, con más de 100 comunicadores asesinados desde el año 2000, crímenes que en su inmensa mayoría permanecen impunes.

Valdez, que denunciaba a poderosos grupos criminales como el cartel de Sinaloa de Joaquín "El Chapo" Guzmán, ahora encarcelado en Nueva York, publicó también sesudas y desgarradoras investigaciones sobre sus víctimas colaterales, como los niños huérfanos o reclutados por el narcotráfico, los familiares de desaparecidos y las mujeres vinculadas a los narcotraficantes.

Para Triana, exponer esta dramática realidad, antes incluso que las autoridades buscaran atenderla, es el mayor aporte y legado de su compañero por más de dos décadas.

Un año después del crimen ¿cómo califica el trabajo de las autoridades y cómo ha sido el proceso para su familia?

No puedo hacer un balance completamente satisfactorio porque a Javier asesinarlo no creo que les haya costado mucho tiempo. En cambio, los primeros resultados que comienzan a surgir se dan prácticamente a un año de su crimen.

Es muy desgastante, es doloroso, es enfrentarte a instituciones con las que jamás hubieras tenido que tener un acercamiento. El asesinato de un periodista nos obliga a la familia a tener que recorrer instituciones en las que nunca hubiéramos querido estar.

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¿Se siente segura, tranquila?

No, la tranquilidad difícilmente la vamos a recuperar porque a Javier lo mataron, Javier no murió de muerte natural, a Javier lo asesinaron. Entonces, sabíamos que eso podía ocurrir, Javier siempre nos lo dijo, que si algo le pasaba iba a ser por su trabajo, pero no vives el miedo en carne propia hasta que sucede.

¿Qué lugar ocupa el trabajo de Javier a un año de su muerte?

Creo que el legado de Javier, su trabajo de muchísimos años como periodista, está más vigente que nunca porque a través de sus libros es donde de manera más amplia expone la situación de miles, de millones de personas, de víctimas de este país.

Si nos preocupamos como sociedad, si nos interesamos más en saber qué es lo que ocurre en nuestro país, sobre todo saber por qué están matando a los periodistas, pues hay que leerlos, hay que leer lo que han escrito, porque solo así van a poder darse una idea de por qué los están matando.

¿Cree que su lugar ha quedado vacío?

Para mí es una pérdida irreparable, irreemplazable, pero aquí lo más importante es que con el asesinato de Javier surgen más voces. Hay muchas y muchos periodistas que van a continuar por la misma ruta de Javier y eso es lo más importante. De alguna manera Javier fue ejemplo para muchas y muchos de ellos y yo creo que sí, algo logró sembrar, hay una semilla ahí que tiene que germinar.