•   Bihać, Bosnia y Herzegovina  |
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  • AFP

"Es agotador. Haremos lo máximo, pero tenemos límites", dice Selam Midzic, el responsable de la Cruz Roja en Bihac, en el noroeste de Bosnia-Herzegovina, donde cada día llegan en autobús un centenar de migrantes.

El pequeño país de los Balcanes hace frente a un creciente flujo de llegadas, en su mayoría hombres jóvenes que intentan ingresar a la Unión Europea (UE) a través de la vecina Croacia. Esperan engañar a la policía croata que custodia eficazmente su frontera con Serbia.

El país pobre, con sus instituciones divididas según las líneas comunitarias, no está armado para responder a este desafío y, sin querer ser identificado, un trabajador humanitario se pregunta si la ayuda internacional no llegará muy tarde para evitar una crisis humanitaria.

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"Estamos al límite para que el Estado se implique" y gestione "esta situación de manera organizada", insiste Selam Midzic.

Según el ministro de Seguridad, Dragan Mektic, en 2018 se registraron 5,100 ingresos ilegales, mientras que 3.300 personas fueron "rechazadas en la frontera" con Serbia y Montenegro.

Mektic indicó que el país pidió un millón de euros al Banco de Desarrollo del Consejo de Europa.

Teléfonos destruidos

Desde hace un mes un centenar de voluntarios distribuyen una comida al principio de la tarde, en lo que era la ciudad universitaria de Bihac, donde se instalaron los migrantes. Hace dos semanas preparaban 220, ahora son 550 todos los días.

Hay familias, pero sobre todo jóvenes que utilizan el lugar como etapa antes de intentar pasar a Croacia. Nawab, un paquistaní de 26 años, dice que está en las carreteras desde hace dos años. "Voy a intentar pasar esta noche. Voy a ir primero a Italia y desde ahí me iré a lo de mi tío en España, en Barcelona", añade.

Según Peter Van Der Auweraert, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), unos 2,500 migrantes están actualmente en Bosnia-Herzegovina. Por lo que muchos logran pasar.

Luego de tres intentos, Hamid, otro paquistaní de 27 años, repite las acusaciones contra la policía croata, cuya violencia fue denunciada por las ONG: "Nos quitan el dinero, los teléfonos, o los tiran al agua para que no funcionen más".

"Los que lo logran envían por teléfono el itinerario a los que están atrás", explica un policía bosnio-herzegovino.

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"La situación humanitaria empeora, la gente llega agotada", dice Peter Van Der Auweraert. "Es urgente que el Estado ponga a disposición plazas de alojamiento", advierte.

Un centro para migrantes fue instalado cerca de Mostar (sur). Pero los migrantes no quieren ir ya que está muy lejos de su ruta hacia la UE. Se prevé abrir dos más, cerca de Sarajevo y en el noroeste. Pero el ministro Mektic se inquieta por las redes de traficantes.

Redes criminales

"Cuando instalamos estos centros, en dos días están rodeados por grupos criminales. Piden mil euros por persona", dice.

El viernes la policía croata anunció el arresto de uno de estos criminales sospechosos de ser el conductor de una camioneta que trasladaba a migrantes contra la que la policía disparó el 30 de mayo, hiriendo a dos niños de 12 años.

La frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina es más difícil de custodiar, con ríos y un relieve accidentado que también hacen el cruce más peligroso.

El viernes un afgano de 21 años fue enterrado en Bihac. Se había ahogado a mediados de mayo en Korana, que separa Bosnia-Herzegovina de Croacia.

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"Lo conocí en un campamento en Serbia. Todos tenemos sueños. El suyo era el de llegar a Francia, pero ahora está muerto", dice otro afgano de 27 años, que no quiere ser identificado.

Desde principios de año, más de 80 migrantes murieron en esta "ruta de los Balcanes", entre Turquía y Eslovenia, según registros de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF).