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  • AFP

La canciller alemana, Angela Merkel, espera resolver este domingo la grave crisis política que amenaza su futuro, gracias a un endurecimiento de la política de acogida de migrantes a nivel nacional y europeo, que ya fue sin embargo cuestionada por varios países.

"Último acto", titula el diario alemán Süddeustche Zeitung antes de las reuniones cruciales que mantendrán este domingo a partir de las 13h00 GMT el ala más conservadora de la coalición gubernamental, el partido bávaro CSU, y luego, más tarde, el partido democristiano de la canciller, la CDU.

En juego está el futuro del gobierno difícilmente constituido en marzo por Merkel, tras las elecciones legislativas de septiembre, marcadas por la emergencia de la extrema derecha antiinmigración.

La CSU, que juzga demasiado permisiva la política migratoria de Merkel, comunicará a última hora de la tarde si considera o no suficientes las medidas propuestas por la canciller en materia de asilo.

El ministro del Interior y líder de los conservadores bávaros, Horst Seehofer, amenazó con ordenar a principios de julio, en contra de la opinión de Merkel, la expulsión de los migrantes registrados en otro país de la Unión Europea (UE).

La polémica con el CSU se produce a pesar de que el número de migrantes cayó fuertemente desde 2015, cuando Alemania recibió casi 900.000 demandantes de asilo.

Si el ministro del Interior intentara imponer la expulsión de migrantes, Merkel se vería obligada a destituirlo, provocando el final del gobierno de coalición y la probable convocatoria de elecciones anticipadas.

Incertidumbre

La canciller siempre rechazó que Alemania tomara decisiones sobre migración de forma unilateral, por temor a poner en peligro la cohesión europea.

Pero Merkel, que nunca estuvo en una posición tan débil como en las últimas semanas, cumplió con las exigencias de la CSU ofreciendo una serie de medidas nacionales y negociando un acuerdo europeo restrictivo durante la última cumbre de la UE.

Las decisiones de la cumbre de la UE de esta semana tienen consecuencias que van "más allá" de lo que quería la CSU, declaró Merkel el viernes.

Horst Seehofer, que lleva semanas cuestionando la autoridad de su jefa de gobierno, no se expresó en público después de la cumbre, pero varios de sus aliados intentaron calmar los ánimos.

"Por supuesto que lo que se logró en Bruselas es más de lo que esperábamos al principio", dijo el dirigente de Baviera, Markus Söder.

Berlín consiguió, entre otras cosas, que Grecia y España aceptaran que Alemania les devolviera los migrantes que llegaron a su territorio después de haberse registrado en ambos países.

En un documento dirigido el sábado a los miembros de su coalición, Merkel aseguró además haber obtenido el visto bueno de otros 14 países para acuerdos similares.

Según el gobierno, entre esos países están Francia y también feroces opositores a la generosa política de acogida de los migrantes decidida por Merkel en 2015, como Polonia, República Checa o Hungría.

El problema es que este anuncio fue cuestionado el mismo domingo por estos tres países, que desmintieron cualquier acuerdo.

El primer ministro checo, Andrej Babis, habló de "absoluto sinsentido" en un comunicado, y dijo rechazar "firmemente" cualquier negociación al respecto.

También Polonia y Hungría desmintieron cualquier acuerdo de este tipo. "Polonia lleva a cabo una política de asilo muy restrictiva y no la cambiaremos", dijo el portavoz del ministerio de Exteriores polaco, Artur Lompart.

Por su lado, la política húngara al respecto "sigue sin cambios desde 2015" aseguró Bertalan Havasi, la portavoz del primer ministro húngaro Viktor Orban.

"Contradicciones"

Tras estas declaraciones, otro dirigente de la CSU, Alexander Dobrindt, se mostró este domingo mucho más circunspecto respecto al plan de la canciller.

"Teniendo en cuenta las declaraciones contradictorias procedentes de ciertos países de la UE, se plantean dudas sobre el alcance real de las decisiones tomadas en la cumbre de la UE", afirmó al diario Bild.

La CSU endureció su discurso respecto a la política migratoria de Merkel ante las elecciones del próximo 14 de octubre en Baviera, en las que la extrema derecha podría arrebatarle muchos votos.

Sea cual sea el resultado de las reuniones de este domingo, Merkel, que lleva 12 años en el poder, nunca pareció tan débil políticamente como ahora.