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Nadie cuestiona su inteligencia, su capacidad en la administración pública y su carácter sencillo. Sin embargo, José Antonio Meade, un político sin militancia, no consiguió liberarse del lastre del oficialista PRI, tachado de corrupto, y llega este domingo a la presidencial mexicana con pocas oportunidades.

De 49 años, a Meade la candidatura le llegó inesperadamente. Hace poco más de un año, pocos creerían que fuera "el tapado", como se designa al misterioso futuro candidato del PRI elegido por el mismo presidente.

El destino del entonces secretario de Hacienda Meade quedó claro en agosto de 2017, cuando el PRI modificó sus estatutos para abrir las puertas a un candidato externo, sin militancia, en momentos en que en México cunde el descrédito hacia los políticos y los partidos tradicionales.

La estrategia fue ideada por el mismo presidente Enrique Peña Nieto, comentó a la AFP la escritora y columnista Martha Anaya.

Meade era el "hombre puro" cuya misión era "lavarle la cara al PRI", el candidato que era visto como capaz de "enfrentar el discurso de honestidad vs corrupción de (izquierdista Andrés Manuel) López Obrador", favorito en las encuestas, añadió Anaya.

"Candidato más brillante"

Pero entre su proclamación como candidato, en noviembre, y el arranque de campaña, en abril, el mexicano común no conseguía distanciarlo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y mucho menos de Peña Nieto, que deja el poder en diciembre tras alcanzar niveles récord de impopularidad entre escándalos de corrupción y la violencia criminal sin precedente que golpea a México.

Para el columnista político Fausto Pretelin, la candidatura de Meade sólo era viable si se distanciaba de Peña Nieto y era crítico hacia el PRI, pero no ocurrió así.

"Meade demostró ser el candidato más brillante de la contienda electoral, pero no pudo competir contra el entorno de hartazgo social" generado por el PRI, explicó.

En campaña, Meade jamás logró conectar con el electorado -destacan los expertos- y su discurso nunca encendió ni en los mitines ni en las encuestas, que lo colocan en un lejano tercer lugar.

"Nunca se deslindó de Peña Nieto y resultó tibio, muy novato", resumió la columnista Anaya al concluir el miércoles la campaña presidencial. "Sólo alcanza, y a duras penas, el voto duro del PRI, al que tuvo que abrazar".

"En otra dimensión"

Con ascendencia irlandesa y libanesa, Meade creció en una familia católica en la que el arte se encontraba con la política pues su abuelo fue escultor y su padre ocupó cargos públicos y -él sí- es militante del PRI.

Meade nunca ha tenido la tentación de afiliarse a un partido. Trabajó en las dos presidencias del conservador Partido Acción Nacional, que gobernó de 2000 a 2012, y fue reclutado por el presidente saliente Peña Nieto cuando el PRI regresó al poder.

Ha encabezado cuatro carteras: Energía, Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda. Goza del respeto y el aprecio de quienes han trabajado con él, que sonríen al recordarlo.

Estudió al mismo tiempo Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM, privado). "Estaba en otra dimensión por su inteligencia", recuerda el columnista Pretelin, quien fue su compañero en el ITAM.

Sus vecinos, en un principio aterrados cuando se enteraron de que un funcionario se mudaría, lo conocen por su discreción y su gusto por los tacos de un establecimiento de la zona.

Fuera de grabadoras, "Pepé", como lo llaman sus cercanos, suelta algún colorido "güey" o "cuate", lleva una seguridad discreta, conduce su propia camioneta y viaja en aerolíneas comerciales.

Contrario a Peña Nieto, considerado galán entre los políticos y siempre cuidadoso de su aspecto, Meade, que padece vitiligo, bromea de las manchas en su rostro y de su ligero sobrepeso, aunque, como presumió en un aviso publicitario, ha perdido algunos kilos.