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La corona de la Estatua de la Libertad, cerrada desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, reabrirá al público el próximo 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos. El secretario del Interior Ken Salazar anunció el acontecimiento y precisó que inicialmente sólo accederán 30 visitantes por hora escogidos al azar a la parte superior del monumento regalado por Francia al país norteamericano en 1886.

La estatua de 46 metros recubierta de cobre y situada en un islote frente al sur de Manhattan se convirtió desde el siglo pasado en un emblema de Nueva York que acoge a inmigrantes del mundo entero y en símbolo de todo Estados Unidos.

El monumento representa a una mujer de pie vestida con una túnica clásica con una corona con siete puntas y 25 ventanas, una antorcha en la mano derecha alzada y en la izquierda tablas de la Ley que llevan inscripta en números romanos la fecha de la independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 1776.

El acceso a la corona de la estatua, a la que se llega por una estrecha escalera de 168 gradas, estaba clausurado desde los atentados del 11 de setiembre de 2001 por razones de seguridad. La estatua, cuyo nombre original es "La Libertad Iluminando al Mundo", es obra del francés Frederic Auguste Bartholdi y su estructura interna de acero fue realizada por Gustave Eiffel, ingeniero francés que dio nombre a la famosa torre de París que acaba de cumplir 120 años.

Actualmente los turistas pueden acceder al pedestal y las terrazas de observación inferiores, que volvieron a abrir en 2004, tres años después de los ataques. Pero la corona permanece clausurada hasta el día de hoy.

Incluyendo la base de 47 metros, el monumento mide en total 93 metros de altura. La estatua no mira hacia Nueva York sino hacia el Océano Atlántico y Europa, en gesto de bienvenida a los barcos que entran al puerto. El acceso a la antorcha, cuya llama está actualmente recubierta con láminas de oro, también era posible a principios de siglo pasado, pero se prohibió en 1916 por motivos de seguridad tras un acto de sabotaje.

Los turistas acceden a la Isla de la Libertad a través de barcos que llegan desde el sur de Manhattan y que también visitan el museo de la vecina isla Ellis, donde antiguamente llegaban los inmigrantes pobres a Estados Unidos. Antes de subir al transbordador, los visitantes son sometidos a una revisación de seguridad similar a la de un aeropuerto.

Fin al debate
La reapertura de la corona es el desenlace de un debate en el que no todos los responsables coincidían y el alcalde Michael Bloomberg no demostró excesivo entusiasmo. "Yo siempre dije que si pueden reabrir la corona en seguridad, que lo hagan", declaró el alcalde. "Hubo un debate durante años sobre la posibilidad de hacerlo, ya que se trata de una sola escalera y muy estrecha", agregó. Salazar admitió que el acceso a la corona implica "riesgos" adicionales pero indicó que los turistas elegidos deberán someterse a un doble chequeo.

El mes pasado, la Casa Blanca provocó la ira de Bloomberg y de muchos neoyorquinos al filmar sin avisar el avión presidencial volando cerca de la estatua de la Libertad para realizar un video promocional. Muchos neoyorquinos que vieron acercarse el Boeing 747 revivieron el terror de los atentados de 2001 y huyeron despavoridos de sus oficinas, antes de enterarse de que se trataba de una simple operación con fines de propaganda.