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  • AFP

Una parte del puente Morandi yace en medio del agua al lado de los escombros y de los restos de automóviles y camiones destruidos por el derrumbe. La zona donde cayó el viaducto parece como si hubiera sido sacudida por un terremoto.

Los equipos de bomberos siguen buscando con la ayuda de perros y excavadoras alrededor de la zona con la esperanza de hallar víctimas atrapadas entre los escombros.

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Una docena de personas resultan desaparecidos, entre ellos una familia que se dirigía a pasar vacaciones en la isla de Elba, algo más al sur.

"No llegaron al hotel. No responden al teléfono. A esa hora probablemente estaban cruzando el puente", cuenta angustiado a la prensa Antonio, un pariente.

Dos grúas enormes de color amarillo trabajaron toda la noche para excavar entre los enormes bloques de cemento del puente que se precipitaron desde una altura de 50 metros.

"No perdemos la esperanza de encontrar sobrevivientes", confesó Emanuele Gissi, comandante adjunto de los bomberos en la región.

"Durante la noche hallamos tres cuerpos entre los escombros", contó el socorrista.

El número de víctimas de la tragedia llega ya a casi 40 y entre los 15 heridos, una docena se encuentran en estado grave tras el trauma sufrido, según explicó la Protección Civil.

"No logro aceptarlo. Esto no puede ser la realidad, siento como si estuviéramos en una película", confiesa aún conmovido Francesco Bucchieri, de 62 años, quien fue testigo del derrumbe.

"Hubo negligencia, subestimaron el peligro, es una tragedia anunciada. Hay que encontrar a los culpables. Es un escándalo. ¡Los culpables deben pagar!", grita indignado.

El colapso del puente, estratégico para la circulación de la ciudad, es una preocupación tanto para los habitantes como para las autoridades, que evalúan la posibilidad de derribarlo completamente.

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El viaducto parece ahora como un trampolín gigante sobre los imponentes edificios de apartamentos color rosa y amarillo del barrio de Sampierdarena.

Todos sus habitantes fueron evacuados el martes, más de 600 personas, por temor a que otra parte del puente de Morandi se derrumbe.

- "Peor que un terremoto" -

"Estaba en casa y todos los edificios temblaban, era peor que un terremoto", cuenta Pasquale Ranieri, de 86 años, con sandalias y una camiseta sin mangas negra.

El octogenario vive en un edificio de cinco pisos en la calle Enrico Porro, justo debajo del puente Morandi.

Sabe que no podrá regresar a su vivienda por mucho tiempo.

"Me fui a dormir a casa de familiares. Esto va a durar muchos meses. Sé que se corren riesgos pero quiero volver a mi casa, no quiero que me adopten", dice.

Dos policías impiden la entrada de los moradores que quieren acceder a sus casas.

"No he dormido, no he comido", cuenta Grazia Pistorio, de 83 años, que desea cambiarse de ropa.

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A 200 metros del puente derrumbado, un anciano que prefiere permanecer en el anonimato espera con los brazos cruzados.

Tiene una cabaña entre el río y el ferrocarril, dentro del área acordonada por la policía.

Hace 15 días una gata dio a luz cuatro gatitos. Todos los días recorría seis kilómetros con su bicicleta para dejar alimentos para los gatitos. "No tienen comida desde el lunes por la noche, no sé si están vivos o muertos", confiesa.