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Son las 8 de la mañana y el mayor mercado de venta autorizada de hoja de coca de Bolivia es un constante trasiego de porteadores cargados con bolsones de casi cincuenta kilos a la espalda y productores venidos de lejos para vender su cosecha a compradores de todo el país.

El 91% de la hoja de coca autorizada para venta legal en Bolivia se comercializa en el mercado de Villa Fátima, situado en una pendiente ladera de La Paz.

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Hasta aquí llegan los productores, ordenados por sindicatos y orígenes, en vetustos taxis, camionetas o transporte colectivo cargados de su cosecha.

La hoja de coca forma parte de la cultura ancestral y del patrimonio cultural de Bolivia. Foto: AFP/END

Por otra puerta salen los pequeños compradores que lo venden al por menor en comercios o en las calles de La Paz o grandes intermediarios que lo llevan a otros puntos del país, principalmente al departamento de Santa Cruz, el mayor consumidor de hoja para "pijcheo", como se le llama al acto de masticar la planta.

A la puerta de una sala atestada de sacos y cholitas -las indígenas vestidas con pollera-, Julieta Núñez ya ha vendido 90 kilos y responde paciente a los interesados que meten la mano en otro saco de 50 libras (22,6 kg) para palpar y escrutar el contenido.

"La calidad de esta hojita es muy buena porque no tiene rabito", explica mientras recita el precio: 1.350 bolivianos (unos 200 dólares) el saco a los interesados.

No le interesa venderlo por partes, dice a la AFP. Quiere terminar pronto y regresar a su casa en los Yungas con cerca de los 1,500 dólares obtenidos por la venta de su cosecha.

Pero no son todo ganancias, asegura. "Hay que pagar también a los recolectores". Para llenar un saco de 50 libras se necesitan de 8 a 9 personas, asegura. Y el proceso se repite tres a cuatro veces al año.

El tamaño de la hoja determina su calidad y el precio, explica Gregorio Lima.

Obtenidas de un arbusto que crece principalmente en zonas de clima tropical y húmedo, las mejores son las pequeñas sin tallo.

El proceso es simple: hay que secarlas al sol. Pero antes de venderlas, hay que "machetearlas", es decir, humedecerlas con el sereno de la noche para que estén "más blanditas".

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Viene una vez por trimestre con 10 bultos de 50 libras. "Ahora no hay mucha producción a causa de la falta de lluvia" en los Yungas, dice este agricultor que también cultiva árboles frutales.

La hoja de coca forma parte de la cultura ancestral y del patrimonio cultural de Bolivia. Foto: AFP/END

La hoja de coca forma parte de la cultura ancestral y del patrimonio cultural de Bolivia, donde se consume en infusión o se mastica la hoja entera para dar energía y matar el hambre, el dolor de estómago, los resfriados o el mal de altura.

El gobierno de Evo Morales, un antiguo productor que ha prometido que cuando se retire de la presidencia volverá a cultivar coca, promulgó en 2017 la Ley General de la Coca para regular la actividad. También aumentó el área de cultivo de 12,000 a 22,000 hectáreas.

Sin embargo, el pasado año, los cultivos de coca crecieron un 6%, pasando de las 23,100 a las 24,500 hectáreas, principalmente, en los Yungas de La Paz (65%) y el Trópico de Cochabamba (34%), según un informe publicado esta semana por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

- Regulación "estricta" -

Según Gerardo Ríos, secretario de comercialización de Adepcoca -una institución que concentra a los productores de coca de la región de los Yungas de La Paz-, la comercialización está "estrictamente" regulada.

"El productor llega a Adepcoca y obtiene una hoja de ruta para comercializar" su producción en zonas autorizadas, asegura. Y hasta llegar al mercado de Villa Fátima, tiene que superar varios controles y obtener un permiso para poder venderla.

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"Fuera del cordón tradicional, (la actividad) se declara ilegal", asegura vía telefónica a la AFP.

La hoja de coca forma parte de la cultura ancestral y del patrimonio cultural de Bolivia. Foto: AFP/END

El pasado año, sólo entre el 52% y el 65% de la producción se comercializó en los mercados autorizados, según UNODC.

El 35-48% restante, 5 puntos porcentuales más que en 2016, fue a parar a la producción de cocaína, una actividad mucho más lucrativa que la que produce la comercialización autorizada.