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"A veces, en la vida, hay sorpresas buenas": en el vuelo chárter fletado por Francia para trasladar a 59 refugiados tras la crisis del "Aquarius", ciudadanos eritreos, nigerianos y cameruneses cuentan sus sufrimientos en Libia y sus esperanzas en un futuro mejor.

Son las 06H00 del jueves y los refugiados, tras una noche de estrés o de alborozo, pasan uno a uno por el arco de seguridad del aeropuerto de Malta.

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"No dormimos, estuvimos de fiesta toda la noche", cuenta Irène, una camerunesa de 29 años que se dice "feliz" de poder dejar el albergue en el que estaba alojada en La Valeta y del que no tenía permitido salir.

Rescatados del Aquarius esperan tras su llegada a Francia. END/AFP.

Hace dos semanas, aún estaban en el mar a bordo del buque humanitario "Aquarius", buscando un puerto en el que desembarcar. Muchos se enteraron de que irían a Francia hace dos días y montar en avión era algo nuevo para casi todos ellos. "Se veía al principio, tenían aspecto de estar perdidos y temíamos que hubiera dificultades, estrés, miedo a volar. Pero está tranquilo", reconoce un asistente de vuelo.

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Salvo por la ausencia de equipaje --cada uno subió al avión con una pequeña mochila roja que les dieron en el albergue-- este viaje La Valeta-París tiene todas las características de un vuelo tradicional, con entrega de bebidas y explicación de las medidas de seguridad, que rechinan cuando explican el funcionamiento del chaleco salvavidas a estos rescatados en el mar.

Rescatados del Aquarius esperan tras su llegada a Francia. END/AFP.

Hay una decena de mujeres con pasados marcados por la violencia. Dorcas, una joven camerunesa, se vio obligada a prostituirse en un apartamento de Trípoli: "Pasé seis meses allí, el tiempo necesario para devolver ya no sé cuánto dinero. Un día me llevaron al borde del mar y nos hicieron subir a 25 personas en una piragua".

Remordimientos y recuerdos 

Los refugiados pasaron tres días "sin beber ni comer". Y se vieron desbordados por la desesperanza cuando "unos barcos de pesca rechazaron ayudarnos", cuenta Josiane, de 28 años, quien pasó "un año encerrada" en Libia, donde también fue víctima de violencias sexuales. "Durante meses no me sentí humana", cuenta la joven camerunesa.

Su voz se pone ronca cuando habla de su hija de 5 años, que se quedó en su país. "A veces tengo remordimientos, recuerdos. Pero todo eso es el pasado, la vida va a mejor", dice, antes de pedir: "Cuenten este flagelo, que la gente no lo intente".

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El decano del grupo de pasajeros, Habtommr, un eritreo de 36 años, estuvo detenido seis semanas, hasta que sus allegados reunieron los 3.300 dólares necesarios para su rescate. "Los libios beben, fuman, violan a chicos y fuerzan a las mujeres, no es humano", cuenta este exsoldado, que huyó tras 12 años de servicio militar.

Rescatados del Aquarius esperan tras su llegada a Francia. END/AFP.

"Hoy estoy vivo, pero dentro de mí es como si estuviera muerto", añade con calma Habtommr, quien quiere "aprender francés, trabajar, ser responsable" de su vida.

En la parte delantera del avión Nidal viaja sola con sus cinco hijos de entre 3 y 12 años, que colorean tranquilamente. "Necesito una vida para ellos", cuenta esta sudanesa, que pasó cuatro meses en la cárcel. "Como madre es mi deber protegerlos. No los golpearon. Pero vieron de todo".

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Muchas personas se van de África sin haber informado a sus familias sobre su destino, porque no tienen teléfono. "Hablé con ellos por última vez hace cuatro meses, los llamaré más tarde, estarán orgullosos y aliviados", dice Midra, otra sudanesa de 29 años que reconoce "no saber nada" de su país de acogida.

Rescatados del Aquarius esperan tras su llegada a Francia. END/AFP.

A su llegada, los refugiados son repartidos en autobuses que los llevarán a alojamientos en diferentes regiones de Francia. "Será difícil", asegura Augustin, un nigeriano de 23 años. "Pero sé que irá bien".