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  • AFP

Miles de fieles se congregaron hoy en los jardines de Getsemaní, en Jerusalén, para asistir a la primera misa al aire libre del papa Benedicto XVI. Al pie del Monte de los Olivos, donde según el Nuevo Testamento Jesús oró asaltado por la angustia y la tristeza la última noche antes de ser crucificado, el pontífice pronunció su primera homilía en Israel.

En los jardines, con capacidad para recibir a unas 6.000 personas, según el Vaticano, se podían ver cientos de banderas de varias nacionalidades, entre ellas de varios países latinoamericanos: México, Colombia, Ecuador además de Filipinas, Israel y Polonia. El Papa, vestido con paramentos dorados, ofició la misa en árabe y latín y los fieles respondieron en varios idiomas, entre ellos árabe y hebreo.

En su homilía advirtió que no había lugar para la "violencia" ni para la "venganza" en esta ciudad emblemática para las tres religiones monoteístas. Jerusalén debe ser un lugar en que los prejuicios, la ignorancia y los miedos que la alimentan, deber ser derrotados por la honestidad, el derecho y la búsqueda de paz. Dentro de sus murallas no debe haber lugar para la violencia, el espíritu corto, la opresión y la venganza", clamó.

Pide a cristianos de Tierra Santa no emigrar
El Papa mencionó los "sufrimientos", las frustraciones", "las pruebas padecidas debido a los conflictos" en la región y se refirió también a los "refugiados" internos, más de cuatro millones de personas. "Ojalá que mi presencia sirva para decirles que no han sido olvidados", agregó. A los cristianos de Tierra Santa, cuyo número está descendiendo notablemente, pidió que no emigren. "Es comprensible que muchos tomen la decisión de emigrar, una decisión que puede empobrecer cultural y espiritualmente a la ciudad", advirtió. Los asistentes, unos 3.000 en total, la mayoría vestidos de blanco, con camisetas con el lema "Yo estoy con el Papa en Jerusalén", entonaron cantos religiosos, algunos en árabe.

"Soy de Quito y vivo aquí desde hace nueve años con mi esposa Pilar y mi hija Jenny. Estoy feliz de ver al Papa y de participar en esta misa en un momento en el que hay tantos conflictos en el mundo. Somos todos hijos de Dios y me gusta ver a tanta gente, de tantos lugares diferentes, unidos en la oración", contó el ecuatoriano Jaime Idrovo. Menos entusiasmo mostró el mexicano Juber Sepúlveda: "Estoy algo decepcionado por la poca gente que vino, pero estoy contento por el Papa que pudo realizar un viaje como éste", confesó.

Obrará por la reconciliación con los judíos
Previo a esta celebración eucarística, el papa Benedicto XVI clamó por la superación de los rencores del pasado al visitar los sitios sagrados judíos, musulmanes y cristianos de Jerusalén, epicentro del conflicto arabo-israelí, y reiteró su compromiso de obrar por la reconciliación de la Iglesia católica con el judaísmo. La prensa israelí consideraba hoy demasiado "fría" la condena del Holocausto nazi emitida por el Papa a su llegada ayer a Israel, tras meses de polémicas por la rehabilitación de un obispo integrista que niega la existencia de las cámaras de gas en las que murieron millones de judíos.

El jefe de la Iglesia católica tuvo que atender hoy otro frente, con los musulmanes, recelosos tras sus declaraciones de 2006 interpretadas como una identificación de la violencia con ese culto. Desde la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada de las Mezquitas y tercer lugar sagrado del islam, Benedicto XVI reclamó la reconciliación y el diálogo interreligioso. "Este lugar sagrado ofrece el estímulo a los hombres y mujeres de buena voluntad para comprometerse a superar las incomprensiones y los conflictos del pasado e iniciar el camino del diálogo sincero", afirmó.

"Pido humildemente al Todopoderoso que les traiga la paz y bendiga a las poblaciones amadas de esta región. Hagámoslo con espíritu armonioso y de cooperación", afirmó frente al muftí Mohamad Husein, la máxima autoridad palestina de Jerusalén. Ante el Papa, que se descalzó para entrar a la mezquita cumpliendo la tradición, el jurisconsulto palestino solicitó "un mayor compromiso del Papa para poner fin a la agresión israelí contra los palestinos". El religioso denunció la situación que padecen palestinos, tanto cristianos como musulmanes, a los que se le impide llegar a los Lugares Santos para orar en la Explanada de las Mezquitas o ante el Santo Sepulcro de Jesús. "Un derecho que Israel les niega", aseveró.

Jerusalén, "La ciudad de la Paz"
Las actividades papales se desarrollaron en medio de un imponente dispositivo de seguridad israelí. Las calles de la Ciudad Vieja, ocupada por Israel en 1967 y luego anexada al Estado hebreo, estaban desiertas debido a los controles. En un automóvil blindado, el Papa se trasladó al Muro de las Lamentaciones, el sitio más sagrado del judaísmo, donde cumplió la tradición de colocar un mensaje entre sus piedras.

En el mensaje, escrito en latín, el pontífice habla de su visita a Jerusalén, "La ciudad de la paz" y pide "al Dios de Abraham, de Isaac y Jacob que envíe paz a Tierra Santa, a Medio Oriente". El Papa permaneció algunos minutos de pie ante el Muro. Poco después, frente a la Gran Sinagoga de Jerusalén, a poco kilómetros, y a los mayores líderes religiosos de Israel, el pontífice se comprometió "irrevocablemente" a obrar por la reconciliación con los judíos.

"La Iglesia católica está irrevocablemente comprometida con el camino decidido por el Concilio Vaticano II por una auténtica y duradera reconciliación entre cristianos y judíos", aseguró. Frente a los dos gran rabinos, Yoma Metzer y Shlomo Amar, el Papa confirmó la declaración "Nostra Aetate", decidida al término del Concilio Vaticano II en 1964, en la que se anulaba la acusación de deicidas a los judíos.

En los 45 años transcurridos desde que el Concilio Vaticano II repudiara el concepto de culpa judía colectiva por la muerte de Cristo, las relaciones católico-judías se han visto atormentadas por la actitud de la Iglesia ante el Holocausto nazi. El Papa visitó luego el Coenaculum o Cenáculo, dentro del complejo de edificios localizados en la cima del Monte Sión, donde conmemoró la Ultima Cena de Cristo y defendió la presencia cristiana en Medio Oriente "como elemento vital" para la sociedad en toda la región.

Incidente diplomático al concluir primera jornada
La primera jornada del Papa en Israel concluyó anoche con un "incidente diplomático", según explicó el Vaticano. El Santo Padre tuvo que abandonar una reunión con autoridades judías, musulmanas y cristianas por las protestas del jeque Tayssir al Tamimi, líder de los tribunales islámicos palestinos. Al Tamini reclamaba la proclamación de Jerusalén como "capital política, nacional y espiritual de Palestina", en tanto que Israel la considera como su "capital eterna".