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Chile y Bolivia protagonizan la ruptura más larga de relaciones diplomáticas en América Latina: cuatro décadas de tensiones y roces entre dos vecinos que no han logrado superar las consecuencias de la guerra que los enfrentó a fines del siglo XIX.

La histórica confrontación de cuatro años, desatada en 1879 y en la que Bolivia perdió su acceso al mar, dejó profundas huellas, que los bolivianos se la siente como una suerte de mutilación que les impide acceder a un mayor desarrollo, mientras que en Chile -el país vencedor- es percibida como una molestia permanente que ha fomentado la imagen de 'mal vecino'.

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"En este caso particular ha habido una guerra de por medio, lo cual deja secuelas más fuertes que otros conflictos que solamente se expresaron a través de la diplomacia o las cortes internacionales", recuerda Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano de Madrid.

En cuarenta años ningún esfuerzo por recomponer los vínculos prosperó. De 1975 bajo los gobiernos de facto de Hugo Banzer (Bolivia) y Augusto Pinochet (Chile) data la más cercana posibilidad de acuerdo, el llamado 'Abrazo de Charaña', en el que Chile cedía a Bolivia un corredor soberano al norte de la ciudad de Arica. La Paz lo rechazó.

Años más tarde, durante la primera administración de la socialista Michelle Bachelet (2006-2010) se estableció una 'Agenda de 13 puntos', que incluía el tema del mar, pero que al igual que Charaña, terminó sin resultados.

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Un punto de inflexión se dio en 2013, con un mayor deterioro de las relaciones tras la decisión del presidente Evo Morales de demandar a Chile en la corte de La Haya, para obligarle a negociar la salida al mar que su país perdió en la guerra del siglo 19.

La sentencia -inapelable- se conocerá este lunes y se espera marque el futuro de esta complejísima relación bilateral.

¿Qué impide avanzar?

La emergencia de los nacionalismos, las aspiraciones políticas de Morales y el cada vez menor consenso en Chile en torno a hacerle concesiones a Bolivia se mencionan como parte de los factores que les han impedido a los dos vecinos restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas desde marzo de 1978.

"Aquí nos enfrentamos una vez más, como en tantas otras manifestaciones de la historia latinoamericana, con la fuerte impronta del nacionalismo", dice Malamud.

Si en Bolivia la pérdida de la salida al mar es vista como una "gran afrenta", en Chile también hay un "reflejo defensivo nacionalista" como respuesta a la agresividad, agrega este analista.

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La aspiración de Morales de postularse a un polémico cuarto mandato lo alentaría a seguir con el discurso en contra de Chile que lo llevó a catapultarse de líder cocalero a mandatario con gran apoyo popular.

"Él (Morales) descubre esa veta y después la desarrolla en toda su magnitud. Es un experto en la construcción del relato, de conmover y apelar a la emocionalidad y eso le ha dado muy buenos resultados", dice Paulo Lacoste, académico argentino del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago.

Evo Morales, presidente de Bolivia. Archivo/END.

La estabilidad política sin precedentes de Bolivia bajo su mando supone un aumento significativo de poder para Morales, que adicionalmente celebra el excepcional crecimiento económico alcanzado en los 12 años al frente del gobierno.

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En el caso de Chile, la escalada de tensión ha reducido el apoyo a la causa boliviana afianzando -casi sin contrapeso- la posición oficial de irrestricto respeto al tratado de 1904 que puso fin a la Guerra del Pacífico.

"Para Chile es inviable ceder soberanía, porque se estima que la cuestión de la soberanía está regida por el tratado fronterizo de 1904 y es ese el acuerdo nacional que existe", dice Astrid Espaliat, académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

Difícil fin a las fricciones

El fallo del lunes no supondrá el fin de las fricciones. La misma corte analiza otra demanda que enfrenta a los dos países, esta vez una presentada por Chile por las aguas del Silala -un sistema hídrico andino en la frontera binacional-. Bolivia denuncia que fueron canalizadas artificialmente hacia territorio chileno.

Sebastián Piñera, presidente de Chile. Archivo/END.

La Corte puede aceptar o rechazar la petición de Bolivia para obligar a Chile a sentarse nuevamente a negociar.

"Me procupa que algunos políticos y gobernantes no han aprendido nada de la historia (...) Si alguna de las dos partes insiste en tratar esto como un juego donde uno gana y el otro pierde, eso es fatal y augura no buenas noticias al respecto", dice Malamud.