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  • EFE

El candidato a la presidencia y exmandatario de Bolivia Carlos Mesa (2003-2005) afirmó que en su país existe una "consciencia colectiva" de que hay una "crisis democrática brutal" y que ésta será el respaldo que tendrá para gobernar si resulta electo en los comicios generales de 2019.

"¿Cuál es el escenario hoy? La consciencia colectiva de que hay una crisis democrática brutal.

De que la destrucción del sistema democrático y de sus instituciones está poniendo en riesgo nuestro futuro como sociedad", aseguró Mesa en una entrevista con Efe en la que habló sobre varios temas.

Esa conciencia "va a permitir una acción de respaldo que defienda ese proceso, y que defienda un shock democrático", agregó al ser consultado sobre un posible escenario de gobernabilidad en caso de ser electo.

A decir del expresidente, ello se plasma en la situación de "gravedad" del Estado de derecho y del sistema judicial que se encuentran en un "nivel de degradación" peor al que se tenía antes de la llegada de Evo Morales al poder, en enero de 2006.

"La hegemonía de un partido que escoge como miembros del sistema judicial a militantes", seguida de la corrupción que "se ha profundizado" y la "falta de idoneidad profesional" fueron identificados por Mesa como los actuales problemas de la Justicia boliviana. Por ello, manifestó su convencimiento de que Morales "va a perder" en las elecciones de 2019 y de que él mismo puede "representar una opción triunfadora".

A la candidatura de Mesa se contrapuso la probabilidad de que también busquen postular al primer cargo electivo del país el expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), el exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas (1993-1997); el gobernador de La Paz, Félix Patzi, y el empresario Samuel Doria Medina. Mesa anunció su candidatura hace dos semanas por el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), un partido con cuarenta años de trayectoria que inicialmente se erigió sobre premisas marxistas, leninistas y comunistas.

Ello produjo sendas críticas del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), que lo relacionó con la vieja clase política del país y con el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), cuestionado por una represión que causó varias decenas de muertos y del que fue vicepresidente en su segundo mandato. Consultado sobre esa relación, Mesa respondió que sería "una tontería" negarla porque fue parte de su "tarea política", pero que lo central fueron sus dos años en la Presidencia.

"Representé la pacificación de Bolivia, la reivindicación de los derechos humanos y el respeto a la vida", enfatizó Mesa, en alusión a lo que supuso la llamada "guerra del gas", que derivó en la renuncia de Sánchez de Lozada. Sobre el acuerdo con el FRI, negó que esa alianza implique "el uso de una sigla vacía" y consideró que, por el contrario, está orientada a transformar las palabras "revolucionario" e "izquierda" de su definición "en un sentido democrático".

"Estamos incorporando, en la lógica de una estructura política, la idea de la ciudadanía como el eje articulador de nuestra propuesta política", enfatizó el expresidente. Uno de los objetivos de Mesa es constituir una candidatura basada en una "unidad de mando", a la que definió como "una línea de comportamiento sobre el programa y no sobre la persona", para garantizar una conducta coherente principalmente en el desempeño Legislativo.

La dispersión parlamentaria y la falta de cohesión fueron considerados por la opinión pública del país como la principal debilidad de los bloques de oposición que en los años 2005, 2009 y 2014 enfrentaron a Morales.

Por otro lado, Mesa sostuvo que en el futuro "no tiene ningún sentido" replicar el viejo esquema de la guerra contra las drogas vigente en Bolivia entre 1985 y 2006, que derivó en un periodo de alta conflictividad con los productores de hoja de coca, cuyo máximo líder sigue siendo Evo Morales. Pese a ello, pronunció un no categórico a la posibilidad de replicar las acciones del actual mandatario hacia ese sector.