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  • EFE

El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, se comprometió este domingo a "pacificar" el país y defender "la Constitución, la democracia y la libertad", en un pronunciamiento realizado tras vencer las elecciones frente al progresista Fernando Haddad.

"Mi Gobierno será defensor de la Constitución, de la democracia y de la libertad. No es la promesa de un partido, es un juramento a Dios", afirmó Bolsonaro en un discurso leído ante las cámaras de televisión.

El ultraderechista recalcó que su Gobierno será "constitucional y democrático", llevará adelante las reformas económicas para romper un "ciclo vicioso de crecimiento de deuda" y "defenderá los derechos de los ciudadanos". "Les ofrezco un Gobierno decente que trabajará para todos los brasileños", agregó.

Expresó también su compromiso con la libertad de "ir y venir" de las personas, la libertad religiosa y política y la libertad de informar y de tener opinión.

"Lo que ocurrió en las urnas no fue la victoria de un partido, sino la celebración de un país por la libertad", recalcó Bolsonaro, quien estuvo respaldado por su mujer, Michelle Bolsonaro, y un grupo de correligionarios en su casa de Río de Janeiro.

En materia de política exterior, el próximo jefe de Estado brasileño aseguró que "liberará" la Cancillería de relaciones con "tendencia ideológica" y recuperará el "respeto internacional" por el país sudamericano.

Simpatizantes del candidato a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro celebran su victoria. EFE/END.

Antes de leer el "discurso de la victoria", como el mismo calificó, Bolsonaro oró delante de las cámaras de televisión junto a sus correligionarios, entre ellos el pastor evangélico Magno Malta, uno de sus más fieles seguidores.

El senador Malta agradeció a Dios por "librar" a Brasil de los "tentáculos de la izquierda" y pidió ayuda para luchar contra la corrupción.

Con un 99.4 % del censo escrutado, Bolsonaro venció la segunda vuelta de las elecciones con 55.21 % de los sufragios, frente al 44.79 % que obtuvo Haddad, sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva en la batalla electoral.

PT abonó a su derrota

La ausencia de una autocrítica frente a los graves escándalos de corrupción en que se implicó la izquierda brasileña en los últimos años es, para muchos analistas, una de las claves de la victoria electoral de Bolsonaro.

El capitán de la reserva del Ejército fue elegido presidente con un 55 % de los votos, frente al 44 % que obtuvo Fernando Haddad, un intelectual sin roce con las masas, que hace un mes y medio sustituyó como candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a Luiz Inácio Lula da Silva, en prisión y condenado a doce años por corrupción.

Durante meses, el PT porfió ante la Justicia para defender la candidatura de su líder encarcelado, lo consideró víctima de una “persecución política” y negó a rajatabla la implicación del partido en la grave trama de corrupción destapada en la estatal Petrobras.

Haddad solo fue confirmado candidato el pasado 11 de septiembre, cuando la justicia electoral, en un fallo más que esperado, vetó a Lula por su situación jurídica, a la luz de normas que impiden que un condenado en segunda instancia, como es su caso, postule a algún cargo electivo.

El nuevo candidato, con poca proyección nacional, entró en la campaña tarde y lo hizo bajo un lema que no caló entre los votantes y hasta confundió a muchos: “Lula es Haddad, Haddad es Lula”.

Para muchos analistas, el convertir la defensa de Lula en la única meta de su campaña debilitó al PT y fortaleció el rechazo a esa formación, que alcanzó tasas históricas del 60% por las que se coló Bolsonaro y que fueron ignoradas por el partido, que se afincó en la intención de voto del 40% que tenía el exgobernante.

La negativa del PT a aceptar su parte de responsabilidad en las corruptelas de los últimos años, ocurridas durante las gestiones de Lula y luego de Dilma Rousseff, obstaculizó también la unidad que proponían otros sectores de izquierda, críticos de esos hechos.

“Hagan un mea culpa, pidan disculpas, tengan humildad”, pues de otro modo “van a perder las elecciones y bien feo” y será “porque hicieron muchas tonterías y se creyeron dueños del país”, declaró el dirigente laborista Cid Gomes, paradójicamente, al anunciar su apoyo “crítico” a Haddad para la segunda vuelta.

Su hermano, el también líder laborista Ciro Gomes, que aspiró también a la Presidencia y quedó tercero en la primera vuelta del pasado día 7, declaró su rechazo a Bolsonaro, a quien tildó de “neonazi”, pero en la misma línea dijo que para él “ya no es posible seguir en política junto al PT”.

El día antes de la segunda vuelta, Gomes explicó que no tomaba partido ni por Bolsonaro ni por Haddad, e insinuó que es necesario construir un frente progresista para “resistir” a la ultraderecha.

Esas críticas, a las que el PT no dio oídos, fueron repetidas por muchos votantes de Bolsonaro, que admitieron no coincidir plenamente con el capitán, pero gritaron por el país que “no se puede dar otra oportunidad” al partido de Lula, una frase que el ahora presidente electo convirtió en uno de los lemas de su campaña.

En contradicción con el propio PT, Haddad hasta intentó esa autocrítica y dio algunos guiños en ese sentido.

Alteró los colores de su campaña, que fueron del rojo al verde y amarillo de la bandera brasileña que desde el inicio usó Bolsonaro, y dejó de visitar a Lula en la cárcel, como había hecho cada lunes antes de la primera vuelta de las elecciones.

Aunque no les puso nombre, reconoció que dirigentes del partido se habían “equivocado” y que su suerte debía ser decidida por los tribunales y también que el PT, en los últimos años, se alejó de sus bases y debía “volver a acercarse a las periferias”.

Sin embargo, esos gestos también llegaron tarde. El último acto de Haddad como candidato, este sábado, fue casi una alegoría del calvario que el PT vivió en los últimos años y que se agudiza ahora, con la llegada al poder de Bolsonaro.

Fue convocado en Sao Paulo, en la Calle de las Lágrimas, las mismas que ayer corrieron por los rostros de millares de militantes, una vez que se anunció el resultado oficial de las elecciones.