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  • AFP

Los efectos de la segunda ola de sanciones que Estados Unidos empezó a aplicar este lunes en los sectores petrolero y financiero en Irán, ya la vienen sintiendo muchos iraníes "en carne propia".

"No necesito las noticias para saber que las sanciones entraron en vigor, las siento en carne propia", afirmó Farzad, de 65 años, de camino al bazar de Tajrich, en el norte de Teherán, para realizar sus compras semanales.

"El que acuda al mercado para comprar productos de primera necesidad se da cuenta inmediatamente", dijo este jubilado a la AFP.

Muchos iraníes se sienten inquietos con las nuevas medidas de represalias, tras meses de marasmo económico debido a problemas coyunturales internos y después de que el presidente estadounidense Donald Trump restableciera una primera ola de sanciones en agosto.

El acuerdo firmado en 2015 entre Irán y las grandes potencias llevó a un levantamiento de una parte de las sanciones a cambio del compromiso de Teherán de no desarrollar el arma nuclear.

"Siempre ha habido sanciones, desde hace casi 40 años ya", suspiró Sogand, profesora de universidad ya retirada.

Francia, Alemania y Reino Unido, signatarios del acuerdo, se dijeron "decididos a asegurar la aplicación" del texto "manteniendo los beneficios económicos" en favor del pueblo iraní.

Pero desde el restablecimiento de las primeras sanciones estadounidenses, y con el objetivo de esta segunda fase, cada vez más empresas europeas anunciaron el cese de sus actividades en el país.

"No están a la altura"

"Hace ya 40 años que el gobierno intenta [arreglar las cosas] y que fracasa. Simplemente no están a la altura", criticó el jubilado Farzad.

Según él, "deberían dimitir y dejar a personas capaces hacer el trabajo".

En todo Irán, se percibe un ambiente entre pesadumbre, ansiedad y enfado.

Mehdi Mirzaee se vio obligado a cerrar su tienda textil debido al aumento de los precios de la lana.

"Estados Unidos no para de asestarnos golpes, pero jamás seremos sus siervos", aseguró.

Algunos iraníes lamentan haber creído que el aislamiento en el que se encontraba el país acabaría con el acuerdo nuclear de 2015.

"Cuando se firmó, estábamos muy contentos. Pensábamos que todo cambiaría para mejor", confesó Fereshteh Safarnezhad, una profesora de 43 años.

"Desgraciadamente, tanto los estadounidenses como el gobierno iraní nos deshonraron. Los estadounidenses nunca se comprometieron realmente al acuerdo y [nuestro] gobierno no invirtió en su pueblo el dinero recaudado gracias al acuerdo", dijo.

Decepcionados, otros iraníes ya no creen en una solución rápida para sus desgracias económicas.

"El problema es que la economía de Irán estaba de todos modos enferma. Incluso si las sanciones se levantasen inmediatamente, se necesitarían años para curarla", añadió Safarnezhad.

La economía iraní ya padecía numerosos males antes de la ofensiva de Donald Trump, y el anuncio del regreso del embargo al petróleo hundió ahora al país en una recesión (el Fondo Monetario Internacional espera una caída del 3,6% de la economía en 2019).