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Sin consuelo posible ni respuestas lógicas ante la tragedia, la ciudad de Thousand Oaks, en el sur de California (EE. UU.), trata de sobreponerse a la masacre que la noche del miércoles dejó 12 víctimas mortales después de que un hombre irrumpiera a tiros en un bar y luego se suicidara.

"Mil robles", el nombre traducido de esta población de casi 130,000 habitantes situada unos 55 kilómetros al noroeste de Los Ángeles, lloró la muerte de 11 de esas personas, que fueron asesinadas cuando estaban disfrutando de una noche de fiesta en el Borderline Bar & Grill, un local muy frecuentado por universitarios y familias de la zona.

Thousand Oaks también rindió homenaje al sargento Ron Helus, quien falleció por los disparos del atacante, cuando acudió al lugar de la masacre.

Ciudadanos y compañeros de Helus formaron una emotiva procesión para escoltar su cuerpo.

"Estaba totalmente comprometido, lo dio todo. Esta noche, como le dije a su esposa, murió un héroe", resumió conmovido el alguacil del condado de Ventura, Geoff Dean.

La ciudad se despertó entre la enorme tristeza por los muertos, además de los al menos 25 heridos, y los miles de interrogantes en torno a qué llevó a Ian David Long, un exmarine de 28 años, a cometer semejante matanza antes de quitarse la vida.

El Centro para Adolescentes de Thousand Oaks, el lugar de encuentro decretado por las autoridades para familiares y amigos de las víctimas, se convirtió este jueves en el epicentro de la desolación.

Decenas de personas, muchas de ellas muy jóvenes, se acercaron al lugar para comprobar si sus seres queridos seguían con vida.

"Acabamos de recibir la noticia de que fue uno de los 11 asesinados anoche", dijo entre lágrimas y ante los medios Jason Coffman, padre del fallecido joven Cody Coffman. "Solo él y yo sabemos cuánto le quiero, cuánto le echo de menos (...). Esto va a ser absolutamente desgarrador para mí y para mi familia", afirmó hundido.

Tristemente habitual en Estados Unidos en los últimos tiempos, la escena en el Centro para Adolescentes de Thousand Oaks fue la ya vista tras otros tiroteos masivos como el de Pittsburgh hace dos semanas, el de Parkland hace nueve meses, el de Las Vegas hace un año y el de Orlando hace dos.

Numerosos vecinos, que tenían apoyo sicológico a su disposición, buscaban información de sus amigos o familiares entre abrazos dolidos, sonrisas reconfortantes y lamentos desconsolados frente a banderas a media asta.

Pese a que había decenas de personas, periodistas y policías incluidos, en el lugar reinaba un extraño silencio únicamente interrumpido por un fuerte viento.

En "shock", como si todo el mundo estuviera "distraído". Así resumió a Efe el clima general de Thousand Oaks Pedro, de 89 años, que evitó dar su apellido y que descansaba al sol tras comprobar que el centro de día en el que suele jugar al billar estaba cerrado.

En una localidad de ambiente familiar, con barrios residenciales y acomodados, y sin grandes problemas de seguridad, el anciano remarcó lo impactante de lo sucedido anoche.

"Se está muy tranquilo aquí", aseguró.

Carpintero durante años y con raíces en México, Pedro, que perdió a dos de sus cinco hijos en incidentes violentos, no quiso ni pensar en el trauma por el que están pasando ahora las familias de las víctimas.