•   Villavicencio, Colombia  |
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  • EFE

El tedio, temperaturas de 34 grados centígrados bajo un sol canicular y la escasez de noticias marcan el cotidiano de más de un centenar de periodistas que desde hace cinco días esperan en la pista del aeropuerto de Villavicencio la liberación de tres secuestrados por la guerrilla de las FARC.

Desde las 06.00 hasta las 18.00 hora local, periodo durante el cual opera el aeropuerto Vanguardia, decenas de periodistas de medio mundo, camarógrafos, reporteros gráficos, técnicos y auxiliares se reúnen bajo el calor de las carpas levantadas a un costado de la plataforma en la que estacionan los
aviones de la misión a la espera de noticias que no
llegan.

Villavicencio, capital del departamento del Meta, está 127
kilómetros al sureste de Bogotá y su aeropuerto es el más importante de los llanos y selvas del oriente colombiano.

El anuncio del presidente
venezolano, Hugo Chávez, de que esta ciudad sería la base de operaciones para la entrega de la ex candidata a la Vicepresidencia Clara Rjas, su hijo Emmanuel y la ex congresista Consuelo González de Perdomo, movilizó a Villavicencio a medios de comunicación de América, Europa y Asia, en busca de una de las noticias del año.

Pero hasta ahora la espera ha sido en vano y los periodistas pasan el día observando los viejos DC-3 que "tosen" cuando prenden sus dos motores de pistón y "rugen" cuando comienzan a elevarse lentamente, muy lentamente.

Pequeñas avionetas y modernos aviones de turbina también
entran y salen del Vanguardia con pasajeros y carga, pero también con enfermos, bebés o ancianos traídos desde remotas poblaciones de las extensas regiones de la orinoquía y la amazonía colombiana.

Desde que sale el sol hasta el ocaso, los periodistas que esperan en el aeródromo matan el tiempo contando historias a los colegas ya que no hay mucho más que hacer pues no hay naipes, ni ajedrez, ni dominó.

Muchos duermen por momentos sobre la dura pista para reponerse del trasnocho de la víspera mientras esperan un
buen plato de carne asada, típico de esta región, o beben unas cervezas bajo las calurosas carpas sin retirar las cámaras que, vigilantes sobre los trípodes, están permanentemente apuntadas hacia la pista.


Paseo al baño El único paseo posible y vital es de unos 200 metros, hasta el edificio de la terminal del aeropuerto, donde está situado el baño.

Todavía de madrugada, después de pasar el control de ingreso, los periodistas van hacia el "corralito" de prensa para instalar computadores, editores, cables, antenas, micrófonos y energía, con el fin de tener todo dispuesto para transmitir las escasas noticias que se han producido aquí.

Después, a esperar el desayuno que ofrece diariamente
la Presidencia colombiana para los trabajadores de los medios y los policías que vigilan la zona quienes intentan, no siempre con éxito, evitar que camarógrafos y fotógrafos ingresen a la zona de estacionamiento de aviones donde están los miembros de la Cruz Roja Colombiana y de la Defensa Civil.

El resto de la jornada consiste en esperar a ver qué pasa, en
especular sobre lo que podría suceder y cuándo.

En los primeros tres días se habló, más en broma, sobre la posibilidad de terminar el año en la calurosa Villavicencio. Hoy la probabilidad de recibir 2008 en esta ciudad sobre la que están puestos los ojos del mundo parece mucho más
cercana.

Frente a las carpas de la prensa están los cuatro helicópteros venezolanos con los símbolos del Comité Internacional de la
Cruz Roja (CICR) enviados para la misión de humanitaria.

A uno de ellos, un MI-17 de fabricación rusa, de cuando en cuando la máquina de bomberos del aeropuerto le lanza agua y algún técnico sube a sus motores para una inspección, procedimiento que causa intriga sin que nadie dé razón de
ello a la prensa.

Los dos MI-17 llegaron el viernes pasado y ayer lo
hicieron tres aviones Falcon con los delegados de siete países garantes de la misión humanitaria y del CICR que se presentaron, saludaron desde el otro lado de la baranda, posaron para la foto y se fueron.

A diferencia de estos cinco aparatos, los dos helicópteros Bell que llegaron hoy no tienen los distintivos del CICR.

Con humor corrosivo, algún periodista atinó a decir que en Venezuela están escasos hasta de distintivos de la Cruz
Roja.

Los periodistas llegamos a Villavicencio convencidos de que en dos o a lo sumo tres días serían liberados Rojas, Emmanuel y González, pero los días pasan en vano y la ropa limpia empieza a escasear.

Un periodista extranjero que llegó por Bogotá y creyó que en Villavicencio el clima era igual de frío al de la capital colombiana, no resiste ya las camisas de manga
larga.

El tedio de la prensa después de cinco días de espera es tal
que al cierre de esta nota alguien preguntó: "¿por qué no mandarán otro helicóptero para hacer algo?".