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Afganistán cierra un año marcado por un índice de violencia récord y teme que 2019 sea todavía más negro, ante la perspectiva de la retirada de parte de los militares estadounidenses y de la celebración de elecciones presidenciales.

La reciente decisión del presidente Donald Trump de reducir a la mitad la presencia de soldados estadounidenses en Afganistán antes de que las negociaciones de paz den fruto, echó abajo las esperanzas de muchos afganos después de 17 años de guerra.

Este anuncio, que la Casa Blanca no ha confirmado, se sumó a un año terrible para el país, que según algunas estimaciones encabeza las zonas de conflicto más peligrosas en el mundo, por delante de Siria.

"Empeora día a día", constata Mohamad Husain, un estudiante de ingeniería eléctrica en Kabul, convertido en uno de los lugares más peligrosos para los civiles en el país debido a los atentados de los talibanes y del grupo Estado Islámico (EI).

"Hace cuatro o cinco años, la seguridad era mejor que ahora. Incluso cuando no hay atentados en Kabul contamos con que pase algo", añade.

Zabihulá Shirzad, de 42 años, no recuerda un año peor.

En 2019 "habrá más matanzas y sangre", predice este propietario de una empresa de recogida de desechos en la capital. "No soy optimista en cuanto a las negociaciones de paz", se lamenta.

El pesimismo registra récords entre los afganos, según un sondeo del instituto Gallup publicado en octubre.

Según un estudio reciente de la Asia Foundation, más del 60% de los encuestados estiman que el país va por mal camino.

Ambulancia bomba

El número de civiles muertos alcanzó un récord en el primer semestre del año. Además los talibanes diezman a las fuerzas de seguridad.

2018 también vivió algunos de los peores atentados desde 2001, como el que mató a más de 100 personas con una ambulancia bomba en una calle muy concurrida de Kabul en enero.

La estrategia de Trump para Afganistán ha contribuido a la multiplicación de la violencia.

Según datos de las organizaciones estadounidenses Armed Conflict Location y Event Data Project, el número de muertos superó los 40.000 este año, o sea casi tantos como en Siria y Yemen juntos.

También fue el país más mortífero para los periodistas, con 15 empleados de prensa muertos, dos de ellos de la AFP: el fotógrafo Shah Marai y el chófer Mohamad Ajtar.

Afganistán sufrió asimismo la peor sequía de su historia reciente, que forzó al exilio a más de 250.000 personas.

Miles de familias desplazadas, en situación de extrema precariedad, levantaron carpas en las afueras de las grandes ciudades. Algunas incluso casaron a sus hijas más pequeñas a cambio de dinero o de comida para sobrevivir.

"Fue un año pésimo. La situación no mejoró nada", resume Thomas Ruttig, codirector de la red Afghanistan Analysts Network.

Guerra civil

Algunos observadores detectan, sin embargo, señales potencialmente positivas para 2019.

Como el alto el fuego inédito de tres días en junio pasado entre los talibanes y las fuerzas gubernamentales. La víspera los rivales se hicieron fotos comiendo helados juntos.

La participación de los insurgentes en las negociaciones de paz con representantes estadounidenses durante los últimos meses es positiva, estima Lotfulá Najafizada, director del principal grupo de televisión privado afgano, Tolo News.

"Creo que Afganistán tendrá cierto éxito en 2019. Espero que sea un año histórico", afirmó, optimista.

Davood Moradian, director general del Afghan Institute for Strategic Studies, teme por su parte que el repliegue parcial estadounidense (que podría ser el preludio de uno total) se traduzca en una guerra civil "de dimensión regional", si se produce antes de que se logre un acuerdo de paz.

Según Ruttig, más valdría que Washington diera prioridad a la necesidad de paz en Afganistán más que a su deseo de repatriar a las tropas y ahorrar dinero.

"Es una parte del problema cuando podría ser la solución", considera Rutting, para quien la política estadounidense en Afganistán es "disfuncional".

La otra incógnita en 2019 serán las elecciones presidenciales previstas para el 20 de abril, pero que podrían aplazarse hasta el verano (boreal).

Los comicios, a los que volverá a presentarse el presidente Ashraf Ghani, podrían verse empañados por una ola de violencia como la de las legislativas de octubre pasado.