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Un gigantesco apagón mantiene paralizada a Venezuela desde la tarde del jueves. El suministro eléctrico pareció empezar a recuperarse en zonas de Caracas y otras regiones entre el viernes y el sábado, pero nuevos cortes masivos mantienen en vilo a su gente.

Los apagones son habituales en el país petrolero desde hace una década, pero el gobierno de Nicolás Maduro culpó a los EE. UU. por “ataques electromagnéticos” al “cerebro” de la hidroeléctrica de Guri, ubicada en el estado de Bolívar (sur), la mayor de Venezuela y la segunda de América Latina, después de Itaipú (Brasil-Paraguay).

Además, anunció este domingo una segunda suspensión de las clases y las actividades laborales por el apagón que ya había superado las 72 horas, aunque algunas zonas de Caracas tienen electricidad de forma intermitente.

La falla eléctrica que apagó los servicios en casi toda Venezuela desde la tarde del jueves ha trastocado aún más la vida de los caraqueños que este domingo, por tercer día se las ingeniaban para cumplir tareas tan sencillas como comer, hidratarse, asearse o comunicarse.

Nadie puede retirar dinero de los cajeros ni usar ningún tipo de tarjetas en un país donde las transacciones electrónicas son vitales, incluso para operaciones pequeñas porque no hay dinero en efectivo.

Sin luz, agua e incomunicados, los venezolanos enfrentan además la amenaza de que el apagón se prolongue indefinidamente.

Fallecidos

Según la ONG Codevida, por el corte energético han fallecido al menos 15 pacientes renales que no pudieron recibir diálisis.

Los hospitales que tienen generadores de energía los usan para emergencias. El Gobierno negó estas muertes.

“Ha sido horrible. Todo oscuro. Solo funcionan algunas áreas con una planta eléctrica que llevaron porque la del hospital no funcionó”, dijo a AFP Sol Dos Santos, de 22 años, quien tiene a su niña hospitalizada en Caracas.

El afán por mantenerse comunicados o al menos intentarlo ha hecho que cada vez más personas se agrupen en puntos específicos de autopistas o avenidas donde parece haber mejor suerte a la hora de cazar conexión a Internet o concretar una llamada telefónica, aunque sea por unos pocos segundos.

En el este de la capital venezolana cientos se han instalado el domingo en las afueras de las oficinas de las compañías telefónicas y, unos con más éxito que otros, han podido enterarse de algunas informaciones a través de las redes sociales o han dado cuenta de su estado a familiares y amigos en el extranjero.

Con un éxodo de 2.7 millones de venezolanos desde 2015, según la ONU, la incomunicación es también angustiante. Intentando captar señal de sus teléfonos móviles, muchos autos se estacionan al borde de la autopista Francisco Fajardo, la principal de Caracas, donde hay repetidores cerca.

“Tengo a mi hijo a y mi hermano fuera de Venezuela y quieren saber de nosotros. Además, quiero ver noticias”, declaró a AFP la joven Bernardette Ramírez.

Faltan alimentos

Cuando la urgencia es alimentarse, las opciones aunque limitadas son variadas y escoger entre una y otra dependerá del dinero del que se disponga y hasta de la zona en la que se encuentre.

Al menos una decena de restaurantes en Caracas han mantenido sus puertas abiertas, pues cuentan con plantas eléctricas y han recibido a cientos de comensales que, en medio de la severa crisis económica son la excepción que puede costearse estos lugares, la mayoría de los cuales solo acepta pagos en monedas extranjeras.

También algunos supermercados siguen operando, aunque a media máquina, por lo que las filas de personas a sus afueras que son habituales debido a la escasez de alimentos que registra el país, ahora son más largas y sedientas de productos como hielo, carbón, veladoras y agua potable.

Entre la población, la preocupación aumenta porque la comida empieza a dañarse y el agua escasea, mientras largas filas se forman en estaciones de servicio ante el temor de que pronto falte el combustible.

“Estoy muy nerviosa porque esta situación no se resuelve, la poca comida que tenemos en la nevera se nos va a echar a perder. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esto?”, declaró a AFP Francisca Rojas, una jubilada de 62 años.

Sin agua

El agua es uno de los productos más buscados en la apagada Caracas y aunque el suministro está regulado desde hace años en comunidades que reciben agua corriente solo uno o dos días por semana, luego del apagón, prácticamente todas las tuberías están secas, por lo que la necesidad es mayor.

Ante ese panorama, cientos se han lanzado, a pie o a bordo de vehículos, a los chorros que caen desde sitios como el cerro El Ávila, que bordea todo el norte de la ciudad, para cargar bidones o los recipientes que cada uno es capaz de llevar a cuestas.

Sin transporte

El transporte público, que según los conductores está paralizado en casi 80% por falta de repuestos en toda Venezuela, prácticamente desapareció en las últimas 72 horas, lo que ha hecho que este fin de semana más que cualquier otro las vías de Caracas luzcan desérticas.

En Caracas y su periferia, donde viven seis millones de personas, seguía suspendido el Metro, lo que obliga a la gente a largas caminatas. Y decenas de personas están aún varadas en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía por la suspensión de varios vuelos.

“El aeropuerto no tiene ni agua. He ido tres veces a ver si sale mi vuelo. Voy a Miami porque mi hermano sufrió un accidente, pero vuelvo”, aseguró Rossy Fernández, de 62 años, quien vive en el este de Caracas.

Pobladores tratan de suplirse con alimentos en un mercado de Caracas, este domingo. AFP/END

Entretanto, la tarea de moverse de un lado a otro va volviéndose más difícil conforme pasan las horas y persiste el apagón, pues las gasolineras han ido cerrando y los conductores cazan cualquier punto de venta para recargar sus vehículos, aunque para ello necesiten permanecer horas en cola.

Desinformados

Como en islas individuales o grupales, los caraqueños resisten todas estas calamidades sin certezas sobre una eventual reconexión del servicio ni sobre las causas del apagón, ni sobre los daños que este ha causado en sus comunidades y en el país.

Los rumores y las versiones catastróficas que circulan boca a boca se multiplican cada hora y solo exacerban la angustia de los millones de caraqueños que, en su mayoría, no tienen forma de confirmar esas informaciones.

Para el resto del país, el del jueves es solo un episodio más en el historial de apagones que comenzó en 2009 y que solo ha ido recrudeciéndose hasta llegar al actual, el más prolongado y de mayor alcance.

Guaidó pide “estado de alarma”

En medio del caos por un masivo apagón que tiene en la oscuridad a Venezuela desde hace tres días, el líder opositor Juan Guaidó anunció este domingo que pedirá al Parlamento declarar el “estado de alarma”, con el fin de solicitar ayuda internacional.

“El día de mañana (lunes) hemos convocado sesión de emergencia extraordinaria de urgencia del Parlamento Nacional para tomar acciones inmediatas con respecto a la ayuda humanitaria necesaria”, aseguró Guaidó, jefe del Congreso de mayoría opositora, en una rueda de prensa.

El opositor, reconocido por 50 países como presidente interino de Venezuela, agregó que convocará “acciones de calle” para presionar la salida del poder de Nicolás Maduro, a cuyo gobierno culpa del monumental corte de electricidad que empezó el jueves a las 16:53 horas y es el peor registrado en este país de 30 millones de habitantes.