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El número de muertos registrados en Kenia desde las elecciones del pasado 27 de diciembre asciende a casi 200, según fuentes policiales, al tiempo que el Gobierno anunció que siguen prohibidas todo tipo de manifestaciones.

El último capítulo sangriento de los enfrentamientos políticos y tribales que están sacudiendo a Kenia se produjo en Eldoret, localidad situada a unos 400 kilómetros al oeste de Nairobi, donde entre 35 y 40 personas, la mayoría mujeres y niños, murieron carbonizados en el interior de una iglesia.

Al parecer se trató de un incendio provocado por un grupo de manifestantes, según los medios de comunicación locales que aseguran que las víctimas se habían refugiado en la parroquia La Asamblea de Dios precisamente porque sus viviendas habían sido quemadas.

Según la edición digital del diario "Nation", miles de personas se dirigieron acto seguido hacia un lugar conocido como el Bosque Quemado para enfrentarse entre clanes.

En Nairobi, mientras tanto, la delegación de observadores de la Unión Europea ofreció una rueda de prensa en la que presentó serias dudas sobre la legitimidad de los resultados de las elecciones.

Alexander Graf Lambsdorff, jefe de la misión, pidió "la revisión del recuento por parte de una comisión independiente".

Lambsdorff responsabilizó a la Comisión Electoral de Kenia y a su presidente, Samuel Kivuitu, del anuncio de cifras que no correspondían con los datos recogidos a pie de urnas por los observadores internacionales.

"Todas las irregularidades que hemos identificado -dijo Lambsdorff- han favorecido al Partido de Unidad Nacional (PNU) del presidente Mwai Kibaki".

"En algunos casos -prosiguió- se impidió la entrada de nuestros observadores en los colegios".

El enviado de la Unión Europea afirmó también que tenían conocimiento de que "en algunas circunscripciones había votado más gente de la que estaba registrada en el censo".