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  • EFE

El huracán María causó un daño sin precedentes al destruir en Puerto Rico más árboles, y particularmente a los más fuertes, que ningún otro ciclón analizado, según un estudio divulgado hoy y que alerta del peligro para los bosques tropicales de futuros fenómenos similares.

Huracanes con la fuerza de María, cada vez más frecuentes debido al calentamiento global, van a matar y romper más árboles, y "los bosques se irán haciendo más pequeños, porque no tendrán tiempo de volver a crecer, y serán menos diversos", alertó María Uriarte, investigadora de la Universidad de Columbia (EE. UU.) y autora principal del estudio.

Publicado en la revista "Nature Communications", el estudio dirigido por Uriarte estima que María, que tocó tierra en Puerto Rico como huracán de categoría cuatro en septiembre de 2017, mató o dañó gravemente a una cifra de entre 20 y 40 millones de árboles.

María está considerado el segundo huracán más catastrófico y poderoso que ha azotado Puerto Rico, después del ciclón San Felipe en 1928.

Uriarte ha estado observando el crecimiento y la mortalidad de los árboles en la isla durante los últimos 15 años, y para este estudio se centró en un área de unas 16 hectáreas del Bosque Nacional El Yunque, próximo a San Juan, con el objetivo de comparar el daño de María con el de huracanes anteriores, entre ellos Hugo (1989) y Georges (1998).

Con sus datos y otros del monitoreo que múltiples equipos han llevado a cabo en El Yunque desde 1990, Uriarte y sus colegas descubrieron que María mató el doble de árboles y triplicó el número de troncos rotos comparado con anteriores ciclones.

Algunas especies de árboles, particularmente las de maderas duras más valiosas y crecimiento lento que solían ser también más resistentes a las tormentas, sufrieron un daño mucho mayor, con tasas de rotura hasta 12 veces superiores a las de huracanes anteriores.

María está considerado el segundo huracán más catastrófico y poderoso que ha azotado Puerto Rico. Archivo/END

De acuerdo con Uriarte, alrededor de la mitad de los árboles con troncos rotos, entre ellos especies grandes como el tabonuco y el ausubo que son el hábitat de muchas aves, morirán dentro de dos o tres años.

Otras especies como las palmas, que pueden echar raíces rápidamente y crecer después de un ciclón, pueden ser el futuro de los bosques de las zonas tropicales y subtropicales del Atlántico, "de menor estatura y menos diversos", según Uriarte.

Las temperaturas del Atlántico van en ascenso y algunas predicciones señalan que los vientos máximos sostenidos de los huracanes pueden ser en el año 2100 hasta un 15% superiores a los actuales.

También las precipitaciones pueden aumentar hasta un 20% cerca de los centros de las tormentas, ya que el aire más cálido transporte más humedad.

Esos cambios esperados en los vientos huracanados y las precipitaciones -ambos factores destruyen árboles- pueden tener profundas consecuencias para la resiliencia a largo plazo de los bosques tropicales en la cuenca del Atlántico Norte, advierten los investigadores.

La dinámica de crecimiento de los bosques también está en riesgo de verse alterada, de modo que en lugar de absorber más carbono de la atmósfera del que expulsan, como ocurre ahora, pasarían a convertirse en emisores netos por la descomposición de los árboles caídos.

Cálculos independientes de este estudio sugieren que los árboles muertos o dañados por el huracán María soltarán unos 5,75 millones de toneladas de carbono a la atmósfera, una cifra equivalente al 2,5% del carbono absorbido anualmente por todos los bosques de Estados Unidos.