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Una multitud de parisinos y turistas estupefactos, algunos de ellos llorando y otros rezando, miraban con horror en el centro de París el lunes como las llamas devoraban la emblemática catedral de Notre Dame.

Exclamaciones y gritos de "¡Dios mío!" empezaban a oírse hacia las 19:50 hora cuando parte de la aguja se vino abajo, mientras las llamas se extendían por todo el techo.

Segundos más tarde, las cámaras de cientos de teléfonos móviles captaban como el resto de la aguja se derrumbaba, en medio de gritos de estupor.

Por la noche del lunes (poco antes de las 23H00, 21H00 GMT), cientos de personas se reunieron para rezar en el puente Pont aux Changes, enfrente del monumento.

"Estoy muy triste, inmensamente triste y vacío", confesó Stéphane Seigneurie, consultor de 52 años, interrumpiendo su oración. "Desde que vivo en París es un punto de referencia. Vengo a menudo [...] es un lugar extraordinario que se mezcla con la historia de Francia".

"París está desfigurada. La ciudad nunca será como era antes", declaró Philippe, un trabajador en comunicación de unos 30 años, que pasó en bicicleta después de que un amigo le avisara del incendio que se declaró en la catedral.

La policía trataba de alejar a los transeúntes de las dos islas del Sena, incluida la Isla de la Ciudad, el barrio parisino donde se ubica la catedral de estilo gótico, el monumento histórico emblemático de la religión cristiana y de la historia de París.

Pero una multitud de espectadores seguía intentando acercarse, dificultando el tráfico mientras se arremolinaban en los puentes de piedra que conducen a la isla.

Vista interior de la catedral de Notre Dame. EFE/END
Otra mujer que se acercó estaba demasiado afectada —las lágrimas resbalaban por sus gafas— para hablar con los periodistas.

"Se acabó, no podremos volver a verla", dijo Jerome Fautrey, un hombre de 37 años que se desplazó a mirar el incendio.

"Ahora necesitamos saber cómo ha ocurrido. Con todo lo que está pasando en el mundo ¿por qué Notre Dame? Quizás es un mensaje divino", agregó.

Un agente de policía que llegaba por uno de los puentes se dio media vuelta boquiabierto y exclamó: "¡Dios mío!".

"La historia se está haciendo humo"

"Es increíble, nuestra historia se está haciendo humo", dijo Benoit, de 42 años, que llegó al lugar en bicicleta para asistir a la tragedia, resumiendo el sentimiento general de conmoción.

A poca distancia se encontraba otra familia británica, también de Londres.

"Es devastador", comentó Nathalie Cadwallader, de 42 años, que había llegado a París dos días antes con su marido y sus dos hijos para una estancia en la capital francesa de una semana.

"Es horrible que esto haya pasado, además de todo lo que ha vivido París recientemente", agregó en referencia a los atentados yihadistas de 2015.

Su familia había planeado visitar Notre Dame el lunes, pero lo cambiaron por la Torre Eiffel. Pensaban ir a la catedral el martes.

En la plaza de Saint-Michel, a pocos metros, vehículos de emergencia, bomberos y coches de policía pasaba con las sirenas resonando.

La multitud se aglutinaba a orillas del Sena, donde caían cenizas, tomando fotos con sus teléfonos en las que se veían la nube de humo amarillo, las cenizas, el pánico, la tristeza. "Tiene mil años", explicaba con calma un hombre a su hija de unos 10 años.