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En campaña electoral y en el Congreso de Estados Unidos, los demócratas desafían constantemente a los gigantes de Wall Street, proclamando la llegada de una "nueva era" con la esperanza de canalizar el enojo de su partido y de algunos de sus electores que ha ido en aumento desde la crisis de 2008.

Los directores ejecutivos de los bancos más grandes de Estados Unidos fueron convocados el miércoles por primera vez desde la debacle financiera por un comité del Congreso, a declarar bajo juramento.

Fue una imagen poderosa que subrayó el reciente cambio en el control de la Cámara de Representantes, que quedó bajo el control demócrata en enero, después de ocho años de mando republicano.

"Esta es la nueva forma; es una nueva era", dijo Maxine Waters, la primera mujer y la primera afroamericana en presidir el Comité de Servicios Financieros.

Tim Sloan, ex CEO de Wells Fargo, había prestado testimonio en una audiencia en marzo.

Esta vez, fue el turno de los ejecutivos de Citigroup, JP Morgan Chase & Co, Morgan Stanley, Bank of America, State Street Corporation, BNY Mellon y Goldman Sachs.

Waters se había contactado con algunos de ellos en el peor momento de la crisis, cuando el sistema financiero sufría graves problemas.

Pero esta ronda de interrogatorios tiene menos que ver con la estabilización del sistema y más con el impacto social de Wall Street.

"Ustedes, capitanes del universo, son lo suficientemente inteligentes y creativos y entienden este negocio tanto como para ver lo que pueden hacer con estos ciudadanos, esta gente joven", dijo Waters.

Algunos de los demócratas del comité se han enfocado en destacar el amplia brecha entre estos ejecutivos -todos hombres, blancos e increíblemente ricos- y el resto de la sociedad. Se trata de una jugada criticada por los republicanos como un movimiento que sólo busca titulares.

Wall Street y sus grandes jefes ya son una parte clave de las campañas presidenciales de varios candidatos que compiten por la nominación demócrata, encabezada por los ultra progresistas Bernie Sanders y Elizabeth Warren. 

En un intercambio, Nydia Velázquez, una demócrata de Nueva York, presionó al presidente ejecutivo de Citigroup, Michael Corbat, para justificar su paga en 2018 de 24,2 millones de dólares, aproximadamente 486 veces más que el empleado promedio.

Corbat dijo que ese monto había sido fijado por el directorio y que, si fuera un empleado promedio que observara la enorme brecha, "estaría esperanzado ante la oportunidad de seguir avanzando".

"Esta es la razón por la que las personas que viven en una burbuja y en una torre de marfil no pueden entender la ira, especialmente entre los millenials", respondió Velásquez.

Contraataque

Es esta oleada de ira, a pesar de las cifras de crecimiento y de empleo, que los demócratas esperan aprovechar no solo para mantener su mayoría en la Cámara en 2020 sino también para apoderarse del Senado y la Casa Blanca.

Wall Street y sus grandes jefes ya son una parte clave de las campañas presidenciales de varios candidatos que compiten por la nominación demócrata, encabezada por los ultra progresistas Bernie Sanders y Elizabeth Warren.

"Nuestra campaña se trata de asumir los poderosos intereses especiales que dominan nuestra vida económica y política", prometió Sanders, un socialista.

El senador independiente por Vermont -que apoya a los demócratas- introdujo un proyecto en octubre para "romper (en unidades más pequeñas) los bancos más grandes de la nación".

Hace diez años, Warren estuvo profundamente involucrada en el rescate y las reformas que tuvieron lugar después de la crisis financiera, lo que hizo que la regulación de Wall Street fuera su problema definitorio.

Warren ya ha redactado propuestas detalladas para desmantelar gigantes tecnológicos, aumentar los impuestos a grandes compañías y reforzar las regulaciones financieras.

La progresista es una voz potente en estos asuntos en el Senado, donde su partido continúa siendo el opositor. Pero ella está encantada de ver a sus colegas en actitud ofensiva.

"Los republicanos han estado tratando tan duro como pueden reducir la supervisión de los bancos más grandes y los demócratas ahora están luchando", dijo Warren a la AFP.

"Los bancos demasiado grandes para quebrar son más grandes que nunca, tienen formas de ocultar los riesgos en sus balances, y al menos algunos de ellos han sido atrapados engañando repetidamente a sus propios clientes", agregó.

"Así es como nos metimos en un gran lío en 2008 que casi destruyó la economía mundial y es por eso que deberían estar mejor regulados hoy", alertó.