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Los cubanos aprueban la decisión de La Habana y Washington de reabrir conversaciones sobre migración y envío directo de correo, tras seis años suspendidas, aunque la prensa local se abstuvo hasta hoy de publicar la noticia, que comienza a circular de boca en boca.

"Mas o menos he oído hablar algo sobre eso", expresó Roberto Fernández, un parqueador de 70 años de edad en el barrio de El Vedado, quien añadió que confía en la aceptación del diálogo manifestada por el Gobierno de Raúl Castro en una nota oficial en Washington. "Si son decisiones tomadas por el Gobierno, están correctas; si las tomó la Revolución, el Gobierno revolucionario, están correctas, cualquier decisión que ellos tomen, los que conocen de eso son ellos", añade con convicción.

El Gobierno de Barack Obama propuso la semana pasada a Cuba reanudar el diálogo migratorio, suspendido en 2003, e incluir el tema de correo postal directo, que ahora se realiza a través de un tercer país. Varias de las más de 200 personas que esperan bajo el sol en la Sección de Intereses de Estados Unidos para hacer sus trámites y viajar a ese país, dijeron desconocer el acuerdo y pocos quisieron comentarlo. "Parece que se están arreglando las cosas, es un buen acuerdo. Estoy esperando aquí para viajar", manifestó Armando Echenique, un mecánico automotor de 54 años, que portaba una carpeta con papeles "para la entrevista". "No conocía la noticia, pero me abstengo de contestarle", afirmó otro que miró con recelo la grabadora, desconfiado de que una opinión pueda comprometer la gestión migratoria en que se encuentra.

"Mariel silencioso"
Cuba y Estados Unidos suscribieron un acuerdo migratorio en setiembre de 1994, tras el éxodo masivo conocido como "la Crisis de los Balseros", reformado en 1995 y que asegura la emigración "legal, ordenada y segura" de 20.000 personas al año, así como la repatriación de los que sean interceptados en alta mar. La Habana, por su parte, se comprometió a evitar por medios persuasivos la emigración ilegal y reinsertar socialmente a los repatriados.

Pero en 2003 se cortó el diálogo que sustenta el acuerdo, bajo acusaciones mutuas. La Habana acusó a Washington de beneficiar con las visas fundamentalmente a jóvenes profesionales, mientras Estados Unidos dijo que Cuba no permite emigrar a médicos, militares y otros aspirantes, que obtienen visado. No obstante, el acuerdo se ha mantenido en curso y se calcula que un cuarto de millón de cubanos emigró por esa vía desde entonces, lo que los especialistas llaman "un Mariel silencioso", en referencia al éxodo masivo de 1980, de 135.000 personas.

José Luis, un profesional de la informática de 38 años, se mostró escéptico. "Me parece que la política final no beneficia a nadie. Se arreglan arriba y no hay repercusión en la gente de la calle. Pero es positivo, es un paso adelante en la relación tan difícil de los dos países", dijo sin querer consignar su apellido. Aunque se usa cada vez más el email -al que los cubanos tienen acceso en oficinas de correo-, Juana, una vecina de El Cerro, se alegró porque "hasta tres meses se demoran las cartas" en llegarle a su familia en Miami.

El fotógrafo Esmir Fonseca, de 58 años, como algunos cubanos vive pendiente a cómo ganarse la vida cada día y se mantiene ajeno a los problemas nacionales. "No me interesa, es cuestión de ellos, yo hace 20 años que no oigo noticias, desde que se cayó el bloque soviético, todas son mentiras, de las dos partes", opinó.

Otros como Rolando Rodríguez, de 38 años, trabajador del Centro Turístico Morro-Cabaña, no se sienten aludidos personalmente por la iniciativa, pero creen que favorecerá a parientes o amigos. "Es bueno, así se arreglan los problemas de los emigrados y que la gente se vaya legal y no inventando. Por mí, el que se quiere ir, que se vaya, el que se quiera quedar, que se quede", dice.