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El papa Francisco bautizará hoy a ocho personas, procedentes de Ecuador, Perú, Italia, Albania e Indonesia, durante la Vigilia Pascual de este Sábado Santo, que presidirá en la basílica vaticana de San Pedro, informó el Vaticano.

El rito comenzará a las 20.30 horas locales (18.30 GMT) con la basílica vaticana en penumbra y con la bendición del fuego, con la que el pontífice incidirá con un punzón sobre el cirio pascual, grabando una cruz, la primera y la última letra del alfabeto griego -alfa y omega-, y las cifras del año en curso.


Tras el rito del encendido, marcación y bendición del cirio se celebrará la "Liturgia de la Palabra", la "Liturgia Bautismal" y la "Liturgia Eucarística".

Mañana se celebrará la misa de Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro, tras la que el papa impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi (para la ciudad y para el mundo) desde la logia central de la basílica.

Ayer, Francisco presidió el rito del Via Crucis del Viernes Santo en honor a los migrantes y lamentó que a menudo encuentren las puertas cerradas de los países a los que intentan llegar "por el miedo y los corazones blindados de cálculos políticos".

Francisco presidió este Via Crucis frente al Coliseo romano, símbolo de la persecución y del sufrimiento de los primeros cristianos, y ante miles de personas que se habían congregado en las proximidades horas antes y que asistieron al rito portando numerosas velas.
Papa Francisco celebra ritos de Semana Santa en el Vaticano. END/AFP
Durante su oración, Jorge Bergoglio rechazó las injusticias sociales a las que se refirió como cruces del mundo y entre ellas citó la codicia y el poder y a "la humanidad que vaga en la oscuridad de la incertidumbre y en la oscuridad de la cultura del momento".

También deploró el hecho de que haya familias que se vean "destruidas por la traición, por las seducciones del maligno" o por el egoísmo, que existan personas "hambrientas de pan y de amor", gentes "abandonadas incluso por sus propios hijos y parientes", y personas que "no tienen el consuelo de la fe".



Habló al mismo tiempo de los "pueblos sedientos de justicia y paz", y se acordó de los "ancianos que se arrastran bajo el peso de los años y la soledad", pero también de los niños "heridos en su inocencia y en su pureza".