•   Negombo, Sri Lanka  |
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  • EFE

En un día de luto nacional, Sri Lanka comenzó este martes a enterrar a algunos de los fallecidos en la masacre que el Domingo de Resurrección golpeó de manera simultánea tres iglesias y tres hoteles de lujo en el país isleño, y causó al menos 310 muertos y más de 500 heridos.

"De momento hemos enterrado aquí 20 cuerpos, pero no sé exactamente cuántos mas vamos a enterrar", manifestó el sacerdote K.A. Samieera en el funeral oficial celebrado en la iglesia Katuwapitya en Negombo, a unos 40 kilómetros al norte de Colombo.

El transcurrir de gente entre la iglesia y el cementerio, situado a unos 500 metros, era constante, en esta localidad con un gran número de cristianos en un país eminentemente budista y donde esta minoría solo representa el 7.4 % de la población.

Con la misa inicial, comenzó también el pasar de ataúdes, que, tras ser bendecidos, eran trasladados al camposanto donde eran enterrados en hilera, casi pegados, en una gran fosa habilitada para ello.

La jornada de luto nacional había comenzado antes con banderas a media asta en edificios públicos, al tiempo que hacia las 08:45 (02:45 GMT) -cuando comenzaron el Domingo de Resurrección la serie de ataques a tres iglesias y hoteles de lujo en el país- tenían lugar manifestaciones silenciosas en respeto a las víctimas.

Frente a la iglesia capitalina de San Antonio, una de las atacadas el domingo, un pequeño grupo de personas se congregaron para rezar y mostrar sus respetos a las víctimas de la tragedia.

Hasta el momento, según el último recuento de este martes por el portavoz de la Policía de Sri Lanka, Ruwan Gunasekara, el número de fallecidos asciende ya a 310, mientras los heridos superan los 500.

Además, reveló más tarde, el total de arrestados por su supuesta conexión con los atentados alcanza ahora los 40.

La cadena de ataques ocurridos el domingo en Sri Lanka comenzó con seis explosiones casi simultáneas en tres hoteles de lujo en Colombo y también en una iglesia de la capital, otra en Katana, en el oeste del país, y la tercera en la oriental ciudad de Batticaloa.

Horas después, una séptima detonación tuvo lugar en un pequeño hotel situado a una decena de kilómetros al sur de la capital, y la última en un complejo residencial en Dematagoda, también en Colombo.

Las autoridades locales vincularon las dos últimas explosiones, en las que murieron cinco personas, entre ellas tres policías, con el intento de huida de varios terroristas.

La mayoría de los ataques los perpetraron atacantes suicidas, que el Gobierno de Sri Lanka relacionó con el poco conocido grupo terrorista local de tintes islamistas National Thowheeth Jamath (NTJ), aunque advirtió sobre posibles vínculos extranjeros.

La isla no sufría atentados de esta magnitud desde la guerra civil entre la guerrilla tamil y el Gobierno, un conflicto que duró 26 años y finalizó en 2009, y que ocasionó, según datos de la ONU, más de 40,000 civiles muertos.