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  • AFP

El vicepresidente brasileño, Hamilton Mourao, llega este domingo a Pekín en busca de inversiones y nuevos mercados, en medio de las tensiones comerciales entre China, el mayor socio comercial de Brasil, y Estados Unidos, principal aliado del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

El punto fuerte de la visita será el viernes, en su último día, cuando será recibido por el presidente Xi Jinping, a quien entregará una carta de Bolsonaro.

El lunes, se reunirá en Shanghái con el presidente del Nuevo Banco de Desarrollo del grupo BRICS de potencias emergentes (integrado también por Rusia, India y Sudáfrica), que en noviembre celebrará una cumbre en Brasil.

El jueves presidirá junto a su par chino Wang Qishan el quinto encuentro de la comisión de cooperación bilateral chino-brasileña (Cosban).

"Buscaremos dar el mensaje político del presidente Bolsonaro al gobierno chino y al mismo tiempo comunicaremos nuestra posición sobre la iniciativa Belt and Road [Nuevas Rutas de la Seda]", un faraónico programa de infraestructuras impulsado por China, dijo Mourao en una entrevista con TV Brasil esta semana.

El encuentro debe allanar el camino a la visita del mandatario brasileño a China en el segundo semestre y ayudar a disipar las crispaciones creadas desde la campaña electoral, cuando el entonces candidato afirmó que la segunda economía mundial estaba "comprando Brasil".

Equilibrio entre potencias

Brasil busca precisamente atraer nuevas inversiones -principalmente en infraestructura para transporte y de energía- y vender más alimentos brasileños, sin comprometer su nuevo acercamiento con Estados Unidos.

En marzo, Bolsonaro realizó su primera visita oficial a Washington, y logró que Donald Trump, de quien se declara admirador, designara a Brasil como aliado preferente fuera de la OTAN.

Xi Jinping

Meses antes, sectores del ala más radical del gobierno criticaron a una delegación de parlamentarios brasileños que visitó China, un país al que siguen viendo como una amenaza comunista.

Mourao, un general retirado que en varios momentos ejerció de moderador de esas fuerzas, parece tener la misión de apaciguar esas fricciones.

El ejercicio requerirá destreza.

"En lenguaje militar es lo que llamamos dispositivo de expectativa: China y Estados Unidos disputan el mercado mundial, existe una guerra comercial (...) y Brasil tiene que saber aprovechar mejor esos momentos", declaró.

"Tenemos un vínculo con Estados Unidos (...) pero por otro lado debemos tener el pragmatismo suficiente para entender la importancia de China para el desarrollo económico de Brasil", sostiene.

El poderoso sector exportador brasileño ve con preocupación cualquier amenaza a su principal mercado.

Brasil registra desde hace nueve años un consistente superávit comercial con China, a la que le vende principalmente productos primarios (soja y mineral de hierro).

El excedente fue de casi 30.000 millones de dólares en 2018, con exportaciones que alcanzaron los 64.200 millones (+35% respecto a 2017) e importaciones por 34.700 millones (+27%), de acuerdo con datos oficiales brasileños.

Las ventas a China representaron un 27% del total de la facturación externa de la principal economía latinoamericana.

En los cuatro primeros meses de este año, Brasil acumuló un excedente de 6.500 millones en el comercio bilateral. Las inversiones chinas fueron también un importante salvavidas para Brasil en estos últimos, marcados por la recesión o el débil crecimiento.

A fines de 2018, el stock de inversiones chinas en Brasil totalizaba 69.000 millones de dólares en 155 proyectos, principalmente en los sectores de energía, infraestructura portuaria y ferroviaria y financiera.

Seguridad alimentaria

El gobierno ve incluso nichos para ampliar las exportaciones brasileñas de carne de cerdo y de pollo, en momentos en que China lidia con una epidemia de fiebre porcina. Y también cree que Brasil puede ampliar sus ventas de frutas y lácteos.

"China tiene una situación muy seria con la seguridad alimentaria y Brasil tiene una capacidad extraordinaria de producción de alimentos, entonces esa es la estrategia que tenemos que trazar", afirmó.

Brasil también busca acrecentar su parte en mercados mucho más sofisticados, como el aeronáutico, con sus aviones Embraer.