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  • EFE

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, evitó pronunciarse durante un viaje oficial a Sao Paulo el martes sobre las sospechas surgidas por la actuación del exjuez Sergio Moro, actual ministro de Justicia, quien condenó a la cárcel al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2017.

Pese a haber dado una clara señal de respaldo al miembro de su Gobierno al recibirlo para una reunión privada en su residencia oficial este martes, y luego desplazarse con él a una ceremonia en la que Moro fue condecorado, Bolsonaro se negó a dar declaraciones tanto en Brasilia como en Sao Paulo.

El escándalo tuvo inicio este domingo cuando un reportaje del medio de investigación The Intercept Brasil reveló mensajes que Moro intercambió, en su condición de juez, con fiscales de la operación Lava Jato, a través de los cuales pudiera haber orientado algunas acciones de la investigación contra Lula en el proceso en el fue hallado culpable de corrupción, lo cual está expresamente prohibido por la ley.

Sergio Moro, ministro de Justicia de Brasil. Archivo/END

Los mensajes, transmitidos por Telegram, llegaron al medio dirigido por el periodista estadounidense Glenn Greenwald, a quien el exanalista de la CIA Edward Snowden reveló los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en 2013, gracias a un "hacker" anónimo que intervino los teléfonos de Moro y de algunos fiscales.

Bolsonaro, el mayor antagonista político de Lula, llegó a Sao Paulo en la tarde de este martes y se reunió con el gobernador del estado, Joao Doria, para hablar sobre la reforma del sistema de pensiones nacional.

Tras el encuentro, tanto Doria como Bolsonaro atendieron a la prensa y exaltaron la importancia de la aprobación de la reforma propuesta por el Gobierno, que ahorraría cerca de 265,000 millones de dólares en una década al país, lo que ayudaría a acabar con el crónico déficit fiscal en las cuentas públicas.

Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil. Archivo/END

El proyecto, que cuenta con el apoyo de Doria, fue presentado como una enmienda a la Constitución y plantea endurecer gradualmente el acceso al actual régimen de reparto, en el que el Estado gestiona las contribuciones de los trabajadores y las distribuye entre los jubilados.

Asimismo, dejaría allanado el camino para adoptar un régimen de capitalización individual privado, similar al chileno, en el que la jubilación dependerá de lo que cada trabajador haya podido ahorrar a lo largo de su vida.

Sin embargo, al ser consultado por una reportera de un medio local sobre la polémica de Moro, Bolsonaro encerró inmediatamente la breve rueda de prensa.

El presidente participó, en seguida, en una ceremonia en la Federación de Industrias del estado de Sao Paulo (Fiesp), donde ofreció apenas un discurso protocolario en el que destacó su trayectoria política hasta llegar a la presidencia y la importancia del poder legislativo para la aprobación de leyes que garanticen un futuro mejor para el país, como la reforma de las jubilaciones.

"Quiero tener la satisfacción de deber cumplido a los finales de 2022. De haber hecho realmente algo por nuestro Brasil. Y eso pasa ahora por las próximas semanas en la cuestión de la nueva reforma de jubilaciones. No tenemos otra alternativa. Y después de que sea aprobada, Paulo Guedes (ministro de Economía) volverá a los trabajos para disminuir los impuestos", subrayó.

"Llegamos a la presidencia y ponemos en práctica lo que prometemos en la campaña. Cosa rara en la política brasileña", sostuvo el presidente, quien en casi media hora de discurso logró evitar hablar, incluso de manera indirecta de Moro y de la Lava Jato.