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Por fin libre tras un matrimonio forzado con un yihadista del grupo Estado Islámico (EI), Yihan, como muchas yazidíes de Irak, tuvo que enfrentarse a un dilema que le partió el corazón: abandonar a sus hijos o ser vetada por su comunidad.

Decenas de mujeres yazidíes fueron secuestradas en 2014 por el grupo Estado Islámico y llevadas lejos de Sinjar, hogar histórico de esta minoría.

Reducidas a la esclavitud, violadas, casadas a la fuerza, algunas recobraron la libertad tras las derrotas registradas por la organización yihadista.

Ahora, quieren volver a casa. Pero en esta comunidad, que rechaza las conversiones y los matrimonios exogámicos, el regreso solo se acepta con la condición de que abandonen a sus hijos nacidos de un padre yihadista, según responsables, activistas de derechos humanos y las propias madres.

Desplazados de Irak / AFP Cuando habla de sus hijos, a los que dejó en Siria -dos chicos de dos años y cuatro meses y una chica de un año en la actualidad-, Yihan Qassem, de 18 años, no se altera en absoluto.

"Son niños del EI. Por supuesto que no los he traído", afirma a la AFP, en el edificio abandonado al que se mudó su familia tras haber huido del EI. "¿Cómo hubiera podido hacerlo si mis tres hermanos y hermanas siguen en manos del EI?".

"Poco a poco los olvidas"

La obligaron a casarse con un yihadista tunecino cuando tenía 15 años y llegó a pensar que nunca más volvería a Sinjar.

Pero durante la batalla contra el último reducto yihadista de Siria, en febrero, su esposo decidió entregarse a las fuerzas kurdas anti-EI. En ese momento se lo llevaron detenido, mientras que Yihan y sus hijos fueron trasladados a la "casa de los yazidíes".

Ese refugio, donde viven mujeres que fueron reducidas a esclavas sexuales, jóvenes convertidos en niños-soldado y otros yazidíes víctimas del EI, publicó su foto en Facebook.

Al ver la imagen, Saman, su hermano mayor, la reconoció y removió cielo y tierra para traerla de nuevo a casa. Pero con la condición de que regresara sin sus hijos.

Tras varios días debatiéndose, Yihan aceptó.

"Eran tan pequeños, estaban muy apegados a mí, y yo a ellos pero... son hijos del EI", afirma. "El primer día fue duro pero, poco a poco, los olvidas".

El yazidismo, de 4.000 años de antigüedad, excluye a las mujeres que se casan fuera de la comunidad. Si se hubiera aplicado esta ley ancestral, cientos de yazidíes secuestradas por el EI en 2004 nunca habrían podido regresar.

"Nadie se preocupa"

Pero, frente a una situación excepcional, incluso para un pueblo que asegura estar pasando por su "74º genocidio", el guía espiritual de los yazidíes, Jeque Baba, instó de forma inédita a acoger y honrar a las supervivientes.

Sus hijos, en cambio, no estaban incluidos. Solo lo estarían los que fueran fruto de la unión de dos yazidíes, no los que tuvieran un padre musulmán.

Para Alí Jeder, jefe de la oficina del Alto Consejo Espiritual de los yazidíes, el debate excede las consideraciones religiosas.

Por un lado, "la ley registra automáticamente como musulmán a todo hijo no reconocido por el padre", como lo prevé la ley islámica en la que se basa el derecho iraquí, explica Jeder a la AFP.

Por otro, la comunidad yazidí, todavía traumatizada, no está preparada para aceptar a los hijos de sus verdugos, defiende.

"Todavía tenemos a miles de yazidíes en manos del EI y nadie se preocupa de ellos. ¿Van a venir a preguntarnos por la suerte de un puñado de críos?", protesta.

El Consejo sostiene que no tiene cifras, pero aunque Yihan fue de las pocas madres que quisieron hablar con la AFP, no es la única que tomó esa difícil decisión.

Sin embargo, hubo otras que intentaron regresar con sus hijos.

Adopción

Una de ellas, cuenta un médico que pidió el anonimato, finalmente tuvo que resignarse a la adopción porque no podía inscribirlo en el registro civil sin padre -un yihadista desaparecido en combate-.

Otra mujer, que acababa de cumplir la mayoría de edad, regresó a Irak embarazada. Pudo alojarse en un refugio hasta el final de la gestación, pero en cuanto nació el niño lo dio en adopción, cuenta a la AFP un trabajador social que la atendió. Hasta ese momento no se puso en contacto con su familia.

En 2018, un orfanato de Mosul, cerca del Sinjar, recibió a cinco hijos de yazidíesy yihadistas, según Sukaina Yunés, responsable provincial.

Fueron adoptados y ya cuentan con documentos de identidad, en los que figura su religión: musulmanes.

En cuanto a las madres, tienen que lidiar con el dilema de regresar con sus familias -y la alegría que ello conlleva- y el abandono de sus hijos, a los que dieron a luz y educaron.

Incluso Yihan habla a veces de sus hijos como de la "carne de su carne", asegura una trabajadora social que sigue su caso.

Aún hoy, pese a que intente mostrarse serena e indiferente ante la separación, cuando su familia no la ve se le escapan algunas lágrimas y admite que "si hubiera dependido únicamente de mí, me los hubiera traído".

Pero, para los yazidíes, hay otras heridas más urgentes. Además de los miles de desaparecidos, 100.000 yazidíes emigraron de Irak -casi uno de cada cinco- y 360.000 siguen desplazados.

"El genocidio continúa"

En cuanto a la región de Sinjar, destruida por el EI y ahora controlada por las fuerzas armadas más o menos regulares, en invierno fue arrasada por unas inundaciones y en verano, por los incendios. Es imposible vivir allí.

"El genocidio continúa", se lamenta Jeder.

Para Baba Shauish, responsable del santuario de Lalish, el templo yazidí más importante, "Bagdad no coopera". "El gobierno sabe que miles de yazidíessiguen prisioneros pero no detiene a sus captores", denuncia.

El presidente iraquí presentó en abril un proyecto de ley para apoyar a los supervivientes y darles un estatus legal a los niños, pero el Parlamento todavía no ha estudiado el texto.

Muchos yazidíes se quejan de la presión que aseguran soportar para encargarse de los hijos de padres yihadistas.

"Si modificamos los principios religiosos, luego habrá más [cambios] y la religión yazidí se hundirá", afirma a la AFP Talal Murad, director del medio comunitario Ezidi24.