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Cuando parece perfilarse un próximo acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes, los jóvenes de Kabul, cuyas vidas se han visto empañadas por 18 años de conflicto, dudan de que este pueda conducir a una paz real en Afganistán.

Muchos temen que Washington, ansioso por concluir la guerra más longeva de su historia, concluya apresuradamente un acuerdo de retirada de sus tropas que permitiría a los insurgentes hacerse de nuevo con el poder.

"No podemos confiar en los talibanes ni en sus compromisos porque durante su régimen [entre 1996 y 2001] fueron opresores crueles", considera Abdul Jamil Qureshi, estudiante de psicología de 23 años.

A este joven le preocupan particularmente "las mujeres que han luchado por sus derechos tras la caída de los talibanes", derrocados por una coalición internacional liderada por Estados Unidos.

Este fin de semana está previsto que Zalmay Khalilzad, el enviado especial estadounidense, se reúna con los rebeldes en Doha, en la que sería la última ronda de conversaciones del ciclo iniciado desde hace un año.

Las expectativas son elevadas. El acuerdo entre las dos partes se construiría sobre la retirada gradual de las tropas estadounidenses y la OTAN, principal reivindicación de los insurgentes.

Los jóvenes de Kabul dudan de que se pueda conducir a una paz real en Afganistán. AFP/END

Aún no se han anunciado cifras oficiales, pero según el Washington Post, el acuerdo prevería la reducción de soldados a 8,000 unidades frente a los 14,000 actuales.

A cambio, los talibanes prometen impedir que Afganistán sirva de refugio a grupos terroristas, incluido Al Qaida, artífice de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que desencadenaron la intervención en Afganistán.

Este acuerdo abriría la vía a un diálogo "intra-afgano" entre los talibanes y una delegación gubernamental en un encuentro que está previsto se celebre en agosto en Oslo.

A Abdul Hadi, dueño de un puesto de bebidas energizantes y cigarrillos en la capital, le inquieta la suerte del ejército afgano si los estadounidenses se marchan.

Según este vendedor de 32 años, "la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán no es la solución, porque las fuerzas afganas no están preparadas para enfrentarse a combatientes talibanes o del grupo Estado Islámico.

"La solución no es militar"

Las fuerzas de seguridad afganas han sufrido duramente desde que en 2014 tomaron el relevo a las tropas extranjeras en los distintos frentes de todo el país. Unos 45,0000 uniformados han muerto entre septiembre de 2014 y enero de 2019, según el presidente afgano Ashraf Ghani.

Años de formación por parte de expertos extranjeros y miles de millones de dólares gastados en equipamiento militar no han sido suficientes para contrarrestar una corrupción endémica y un nivel masivo de deserciones.

Ashraf Ghani, presidente de Afganistán. Archivo/END

Ahmad Jawed, estudiante de la Universidad de Kabul de 25 años, es escéptico: "No confiamos en los talibanes ni en sus promesas", afirma el joven, considerando que los excombatientes solo desean "el monopolio del poder".

Por su parte, Abdullah, que solo da su nombre de pila, se muestra inclinado a aceptar un acuerdo si es a cambio de una paz duradera: "La solución no es militar. Las conversaciones son el único modo de resolver los problemas de Afganistán".

Este joven de 20 años piensa que, con tal de que los talibanes respeten los derechos adquiridos de las mujeres, "serán bienvenidos en la sociedad afgana".

Mohammad Ashraf, taxista de 27 años, solo piensa en el fin de la violencia: "me da igual que los talibanes vuelvan o no. Lo que queremos es que haya paz y seguridad".